Ego sano, autoestima sana

Dejando de lado a los "niños tirano", hablemos ahora de cómo hacer para que nuestros hijos tengan una sana autoestima. ¿Quieres que te lo comparta? Sólo lee este artículo.

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  • Permíteme iniciar con una analogía del ego. El ego es invisible y, sin embargo, es uno más de los órganos de tu cuerpo; como el corazón, el hígado, etc. Es el encargado de que puedas relacionarte con el mundo, porque administra una sustancia importantísima para sobrevivir: la frágil autoestima. Lo que casi nadie sabe es que, como los demás órganos del cuerpo, también se enferma. Las dos principales enfermedades del ego vienen por lo siguiente:

    1. Porque lo dejamos que se inflame, que crezca de manera desmedida, y esa disfunción del ego, se transforma en diferentes enfermedades: egoísmo, egotismo, egocentrismo: son la principal causa de todos los males sociales.

    2. Cuando dejamos que se fracture. Si alguien crece en un hogar donde es criticado continuamente, donde se le marcan todos los errores, entonces aprende que "todo lo hace mal", que es malo por naturaleza, o torpe, o feo. A fuerza de escuchar eso continuamente, se hace una grieta en su ego, y no puede contener la autoestima. Por más que en el futuro sus compañeros, amigos, su pareja o sus jefes en el trabajo le feliciten por algo bueno que hizo, esas buenas palabras entran en un ego fracturado, y éste sigue tan vacío de autoestima como siempre. Dice un buen amigo mío: “Casi siempre, cuando alguien nos felicita por algo que hicimos bien, en nuestro interior escuchamos muy clarito la voz de nuestro padre, que nos dice: Eso no es cierto, te están mintiendo porque no quieren lastimarte, en realidad te faltó mucho para que lo hicieras bien”.

    El ego administra la autoestima y, al mismo tiempo, se nutre de ella. Entonces, ¿Qué es la autoestima? La autoestima es una serie de creencias, percepciones y sentimientos que tenemos hacia nosotros mismos. En realidad no es la manera en que nos vemos a nosotros mismos, sino en realidad es —desde mi punto de vista— la percepción que tenemos de cómo somos vistos por los demás: nos vemos a nosotros mismos reflejados en la manera en que los demás nos miran. Acaso por eso es tan sabio ese dicho del sur de los Estados Unidos: “A los niños hay que marinarlos en amor por 18 años, y entonces soltarlos al mundo”. La cantidad y calidad de amor (y sí, por supuesto, amor también es disciplina, normas, esfuerzo, trabajo, y no sólo cariño y complacencia) que damos a nuestros hijos en el hogar, hará que ellos tengan una imagen de ellos mismos, que será la base principal de sus motivaciones, actitudes y comportamientos futuros. Es, en buena medida, lo que muchos llaman “inteligencia emocional”.

    La autoestima se compone de dos cosas:

  • 1. Le enseñamos a nuestros hijos a no rendirse, a pesar de una serie de esfuerzos fallidos,

  • 2. Les damos amor genuino. No un amor que lo consiente todo, sino un amor que está enfocado en hacerlos crecer y en hacerlos independientes.

    Ahora, ¿Cómo fomentar una autoestima sana? En buena medida ya lo dijimos antes, pero de cualquier manera hay algunas cosas específicas en las que hay que poner atención. Menciono unas pocas:

  • Pon mucho cuidado en los mensajes que envías a tus hijos.

    Evita comentarios y acciones que denigren, humillen, ridiculicen, o hagan sentir menos a tus hijos.

  • Elogia continuamente

    Esto implica no sólo hacerles sentir bien por lo que hacen bien, sino incluso cuando las cosas les salen mal, pero donde ellos pusieron todo su esfuerzo por ayudar.

  • Fomenta el progreso por la participación

    Hay dos historias que cambiaron mi idea de lo que es ser padre. La primera la dio un padre, que iba a pintar su puerta, y su niño de cuatro años quería ayudarle. Él no quería que su hijo ayudara, porque sabía que iba a quedar mal, pero cuando vio la súplica en la mirada de su hijo, dejó que le ayudara. Entonces, de vez en cuando, al ver los horribles brochazos de su niño, él medio le componía, pero cuando vio la mirada de dolorosa incomprensión de su hijo, se dijo: “¿qué es más importante: pintar una puerta, o la unidad con mi hijo?” La segunda historia es semejante: un ranchero de muy al norte se encuentra con su vecino de un rancho cercano, quien le dice: “Oye, Jorge, me encontré a tus hijos, arriando las vacas, y están haciendo todo mal”. El hombre le responde desde su caballo: “Es que mi negocio no es criar vacas, sino hijos”. Una vez más: lo que importa es el esfuerzo, no el resultado.

  • Está dispuesto a cambiar de manera de pensar

    A mí me educaron con una palabra y un golpe, y muchas veces el golpe venía primero que la palabra. Cuando nació mi hijo mayor, yo entendía que esa era la manera de educar a mis hijos. La primera vez que le di de nalgadas a mi hijo mayor, me dije: “esto no está bien”, y me puse a preguntar a todos mis amigos cómo le hacían cuando sus hijos no obedecían. Escuché y escuché, hasta que alguien me dijo: “la clave es simplemente decir lo que esperas de ellos, siempre, nunca quitar el dedo del renglón, y luego dejar que ellos decidan. Nada hay más preciado que el que ellos aprendan a ejercer su albedrío”. Dejar siglos de tradiciones familiares y culturales es muy complicado, pero vale la pena. Nunca más hubo un golpe en la casa. Mi segundo hijo jamás ha recibido uno, y son jóvenes extraordinarios. Vale la pena estar dispuesto a cambiar tradiciones muy arraigadas, a cambio de algo mejor.

  • Sé entusiasta

    Una vez más, enseñamos mucho más con lo que hacemos y con lo que decimos. Si tú haces un esfuerzo por amar la vida y tener fe en el futuro, pese a las actuales circunstancias mundiales, tus hijos tendrán más posibilidades de amar la vida. Nadie hereda lo que no hay en la hacienda: Si tú no haces un esfuerzo por elevar tu autoestima, no podrás darle una sana autoestima a tus hijos.

  • Nutre su autoestima

    Sé afectuoso, elogia continuamente, hazles siempre comentarios positivos, pero siempre de manera honesta y sin exagerar. Como ya dijimos antes, es tan malo un extremo, como el otro.

  • Busca generar experiencias edificantes

    Busca que tus hijos tengan experiencias donde cooperen, no compitan; donde se amen entre hermanos, no donde uno tenga que ganar al otro. Por ejemplo, que los juegos de mesa no sean una guerra a muerte donde se humilla al que pierde, sino una manera de convivir como familia.

    Finalmente, crea en casa un ambiente de seguridad y amor. Hay momentos difíciles en la vida de toda persona y también hay tiempos buenos. Tus hijos necesitan una protección en contra de la adversidad. Para eso estamos nosotros, como padres, pero no siempre estaremos a su lado, y para eso cada día elaboramos un escudo protector para nuestros hijos, hecho a su medida. Una protección de amor, llamada autoestima.

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Oscar Pech ha dedicado su vida a la enseñanza, la lectura, la escritura y la capacitación en diferentes partes de la República mexicana. Es una persona profundamente comprometida con la familia y los valores morales.

Sitio Web: http://oscarpech.blogspot.mx/

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