Mamá también es mujer

Una idea esencial que no debemos olvidar es el concepto de que seguimos siendo mujeres, aunque nos hayamos convertido en madres.

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  • Hace ya casi nueve años hice mi debut como mamá. El día en que recibí la maravillosa noticia de que estaba embarazada, comenzaron los cambios: para los próximos meses tuve que dejar los tacones, mi ropa favorita, las bolsas fashion que tanto me gustaban. Atrás se quedaban aquellas tardes dedicadas al manicure, el pedicure y las mascarillas.

    Tal vez a cualquier hombre le suene un poco superficial, pero tú y yo sabemos que antes de los hijos tienes todo el tiempo para ti misma. Y sabemos que la vida se divide en el antes y el después del bebé.

    Poco a poco empecé a dejar cosas como las salidas los viernes al bar o a tomar un café, para dar paso a la prioridad de construir el bienestar de ese nuevo ser que estaba dentro de mí. Me alimenté sano, tomé las vitaminas que recetó el doctor y caminaba lo más posible para mantenerme en forma. Y creía que después de que naciera el bebé volvería al glamour de los tacones y las tardes de belleza que tanto disfrutaba.

    Pero no. Cuando él llegó, los días se me hacían pequeños y apenas podía organizar mi vida. Todo cambió, incluso el horario para comer; del arreglo personal, mejor ni hablemos. Pasaron semanas para que me volviera a maquillar como antes; ahora tenía que hacer en 15 minutos lo que antes me tomaba media hora.

    Una de las ventajas que me dio la maternidad fue que me hizo más hábil y rápida. Por ejemplo, mientras mi bebé dormía yo me apresuraba para bañarme o para hacer de comer.

    Pero un buen día descubrí que me había descuidado mucho por darle prioridad a mi niño. Me di cuenta de que si bien me fascinaba verlo crecer cada día, arrullarlo en mis brazos, mirarlo dormir plácido, la realidad es que ese nuevo ser necesita de nosotros completamente, y eso nos hace ponernos en segundo lugar. Y un día me di cuenta de que no debí olvidar de que antes de ser madre, soy mujer.

    Cuando por fin bajé de la nube en la que estaba, me di el tiempo para recuperarme. Como bajé mucho de peso, tuve el pretexto ideal para comprar ropa nueva; cambié de look: corté y teñí mi cabello; me di otra vez ese buen tiempo de maquillarme a gusto. ¿Qué cómo lo hice? Muy sencillo: me las ingenié para encontrar el modo de acomodar la mamila de mi niño en la almohada de forma que no la tuviera que sostener y así podía maquillarme mientras él comía. Y así fui encontrando otras maneras de hacerme la vida más fácil y verme bonita.

    Salí por primera vez en meses al cine, pude ir a un museo a ver una exposición única sobre los antiguos egipcios, que tanto me apasionan desde que era niña. Eso sí, tuve que prescindir de los tacones, por cuestiones de comodidad: es más práctico un calzado bajo o con poco tacón para poder jugar, saltar, correr y estar detrás del torbellino bebé, cuando él comenzó a caminar. Aprendí que una sofisticada bolsa grande puede servir de pañalera, sin que debas sacrificar la coquetería por aquellas estorbosas y feas pañaleras.

    Retomé la vestimenta formal cuando volví a trabajar, tenía que estar muy presentable para desempeñar mis actividades. Cuando dejé el trabajo de oficina para trabajar desde casa, podía vestir más cómoda, pero no olvidé lo que en su momento me llegó a decir mi abuela: “mientras estés maquillada y con un buen corte de cabello, no importa que vistas de jeans”. Mantengo siempre esa lección y trato de lucir lo más presentable posible, verme femenina, agradable, gustarme a mí misma.

    Una mañana, cuando mi pequeño ya hablaba, me arreglé un poco más que de costumbre, él me miró muy serio y dijo: “Mmmh, esa blusa me gusta y ese abrigo también, te ves muy bien, mami”. Me hizo el día.

    Hoy sé que nuestras tareas no deben alejarnos de nosotras mismas, que es importante aprender a darnos ese momento especial para salir de la rutina. Si somos creativas e ingeniosas para poder hacer distintas tareas a la vez, podemos combinar nuestras actividades del día a día para cultivar lo que nos gusta. Podemos ser madres, esposas, amas de casa, profesionistas. ¡Claro que sí! Pero siempre recuerda que antes de todo esto, somos mujeres.

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