Disciplina y castigo: No son lo mismo

Como padres tenemos la tendencia de recurrir al castigo en lugar de la disciplina. La disciplina es el arte de enseñar pues provee los medios en que nuestros niños internalizan las consecuencias de sus acciones.

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  • Todos hemos pasado por ese momento en donde nuestra paciencia se ha acabado. Podemos sentir la frustración como agua hirviendo a punto de evaporarse, hemos hablado con suavidad y ahora con gritos, y aun así nuestras reglas no son obedecidas y terminamos ejerciendo un castigo severo con la esperanza de que el niño escuche, aprenda, y nos respete. Lo peor de la situación es que la mayoría de las veces no funciona, y terminamos sintiéndonos como un fracaso mientras el niño “se sale con la suya.” Nunca nadie dijo que la crianza de los niños fuera fácil, especialmente cuando desobedecen a propósito, pero sabemos que es nuestro trabajo más importante pues estamos intentando que crezcan con un compás moral interno y y hacerlos sentirse como miembros de la familia y ciudadanos responsables.

  • Es importante saber que aunque los castigos han sido usados por generaciones, el castigo no es lo mismo que la disciplina. La diferencia cabe en que la disciplina enseña y el castigo no. La disciplina toma tiempo y el castigo es instantáneo. La disciplina es más difícil y el castigo es la ruta fácil. La disciplina crea una persona moral mientras que el castigo no. Es importante mencionar que una mínima parte de nuestro trabajo como padres debe de ser dedicada a la disciplina, si realmente les estamos mandando los mensajes positivos a nuestros niños la disciplina debería ser algo mínimo. Estos mensajes positivos son los siguientes: te quiero (aun cuando desobedeces), te acepto tal y como eres, eres importante y esencial en mi vida, haces una diferencia, te dedico tiempo para escucharte porque me importas, tu opinión es válida (aunque a veces no esté de acuerdo), y te quiero lo suficiente para enseñarte. Si tus hijos reciben estos mensajes la necesidad de ir al enojo se reduce drásticamente.

  • Aun así, habrá momentos en que los niños desobedecen y necesitarán una sanción disciplinaria para aprender. A continuación se explican cuatro formas en que podemos disciplinar con sanciones y no simplemente castigar, obteniendo resultados mucho mejores y una mamá más relajada:

  • 1) La sanción tiene que estar relacionada con lo que el niño hizo mal

  • . Es decir, si el niño rompe un vaso de vidrio el castigo seria quitarle sus juguetes pero la sanción disciplinaria sería que ayude con ciertos quehaceres de la casa para ayudar a pagar por uno nuevo. Cuando los niños ven que hay relación entre sus actos y la sanción, el aprendizaje está en camino, mientras que el castigo solamente lleva al enojo y al rencor pues no ven la relación.

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  • 2) Siempre debemos de decirles cual es la sanción disciplinaria antes de que desobedezcan. Cuando uno les dice la sanción antes ya no es sorpresa cuando ésta se ejecuta. Y lo más importante es que cuando desobeceden, podemos decir que ellos sabían de la consecuencia y ellos decidieron desobedecer. Es esencial que les demos la responsabilidad a ellos por la desobediencia para que aprendan y entiendan que ellos mismos escogieron su sanción.

  • 3) Siempre mostrar amor cuando la sanción se haya pagado

  • Luego que el niño haya cumplido con la sanción es absolutamente importante que el niño se sienta amado, y que en efecto estamos orgullosos de que hayan pasado por la sanción disciplinaria.

  • 4) Hablar de lo que aprendieron con la sanción

  • Es importante hablar brevemente de lo que aprendieron de esta experiencia, y qué es lo que van a intentar hacer en un futuro. De esta forma podemos saber que están internalizando las enseñanzas.

  • El ser padre no es fácil, pero cuando contamos con las herramientas necesarias podemos orientar más fácilmente a nuestros hijos y moldearlos lentamente para ayudarlos a convertirse en las personas que deben de ser, es un trabajo del que nunca nos podremos arrepentir independientemente de cuanto tiempo, sudor y lágrimas invertimos.

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Denhi Chaney es egresada de la Universidad de Brigham Young con maestría en Terapia de Matrimonio y Familiar. Denhi también es esposa y madre de un niño. Puedes contactarla en .

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