¿Te vas a casar? Esta experiencia puede servirte de mucho

¿Estás muy enamorado de alguien y no sabes si es la persona correcta? ¿O te vas a casar, pero no sabes cómo tener un matrimonio estable? O acaso ya te casaste, ¿y las cosas no marchan como deberían?

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  • Cuando yo tenía once años de edad mi padre murió de cáncer. Como dice un personaje de Juan Rulfo en el cuento “Diles que no me maten”: “Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó”. Crecer sin padre es complicado, difícil. No hubo una orientación sexual en la adolescencia, o un modelo a seguir sobre cómo ser esposo o padre. Así que cuando me iba a casar, consciente de mis lagunas de conocimiento, visité a todos los vecinos varones adultos del barrio, con el tablero de ajedrez bajo el brazo. Los invitaba a jugar una partida, y me daba a mí mismo ese plazo para sacarles todos los buenos consejos que pudieran darme. No sé por qué, pero casi nadie me quiso dar un consejo. A lo más que llegué es que me dieran dos consejos y medio:

    • Malos hábitos. Cuando nos casamos todos traemos malos y buenos hábitos de nuestras familias. Lo que uno debería hacer es sentarse juntos, antes de casarse, y ver qué malos hábitos no van a formar parte de nuestra nueva familia, y qué cosas sí vamos a fomentar.

    • Bromas pesadas. Cuando uno se casa le gusta hacer bromas a su esposa. Hay que tener cuidado con eso, de lo contrario las bromas de ambas partes se van a volver cada vez más pesadas.

    • La empresa más difícil: ambos. El medio consejo es el siguiente: “El matrimonio es la empresa más difícil a la que me he enfrentado en mi vida”. A ese buen vecino le faltó, creo, terminar el consejo con algo así como: “Pero si ambos aprenden a caminar por el camino de la felicidad, claro que se puede”.

  • ¿Y cuál es ese camino de la felicidad? ¿Cómo hacerle para tener un matrimonio pleno y feliz? Yo, que ya soy viejo, me atrevo a compartirte algunos principios eternos que acaso puedan servirte:

    1. Piensa que el matrimonio es cosa de muchos más que dos. Te casas con alguien y junto con esa persona vienen cuñados, suegros, parientes. Si es una familia disfuncional, conflictiva o depresiva, sigue este consejo: ¡Corre por tu vida! ¡Huye!

    2. Evita las competencias. Alguien dijo hace tiempo una frase tan obvia que podría ser zen: “El peral da peras; el manzano, manzanas”. Una de las cosas que destruyen más fácilmente un matrimonio es la comparación o la competencia con la pareja. Si tu matrimonio se empieza a volver una relación donde se trata de ver quién es el que lleva los pantalones, una mera relación de poder o competencias, haz lo que tengas que hacer para que esta situación termine, o la que va a terminar es tu relación.

    3. Ama a tu esposa. Tuve un vecino y amigo, de nombre John Whetten, que fue novio de su esposa durante catorce años y luego vivió con ella más de 50 años de feliz matrimonio. Cuando le pregunté cómo le había hecho para vivir tantos años de felicidad, me dijo: “Todo hombre debería ser muy consciente de haber recibido en el altar a una mujer pura, y saber que un día se va a presentar ante Dios y tendrá que rendirle cuentas al Padre de la joven virtuosa que puso a su cuidado”. Piensa que el matrimonio, el amor, tiene por objetivo dar, no pensar en recibir.

    4. Cásate con la mujer más hermosa del mundo. Creo que para que un matrimonio sea pleno, tienes que estar convencido de que ella es la mujer más hermosa del mundo. Claro que tal vez no todos opinen lo mismo de su belleza, pero tú tienes que estar convencido de ello.

    5. Nunca te duermas enojado o resentido. En una traducción de Efesios 4:26, les dice el apóstol Pablo a los matrimonios: “¿Podéis airaros, y no pecar?; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Si estás molesto con tu pareja, aunque te desveles, no te duermas hasta que quede solucionado. Al otro día, aunque con sueño, te sentirás mejor. Quien acostumbra a dormirse con el problema sin resolver, esperando a que la noche de descanso “borre” las cosas, lo que hace es ir debilitando, poco a poco, el amor en su matrimonio. Busca sanar siempre la confianza que ha sido fracturada.

    6. Nutre el romance todos los días. El amor es algo vivo: aprende a nutrir y cuidar tu amor. Es curioso, pero cuando tienes detalles tiernos y románticos para con tu pareja, no solo crece el amor de ella por ti, también crece tu amor por ella.

    7. Suma los vectores. Algo hay de física en el amor, de suma de vectores: mientras más estén orientadas las fuerzas de ambos hacia un mismo punto, más unidad habrá entre ustedes y más fuerza en sus acciones. Por lo mismo, busca casarte con alguien que comparta tus creencias, tus ideales: Busca siempre ser amigo de tu cónyuge, y no olvides que toda amistad debe nutrirse continuamente.

    8. Aprende a cortar ramales en tu árbol de vida. Creo que en buena medida el éxito en el matrimonio radica en dejar de lado el orgullo, la búsqueda de lo que te satisface y el cumplimiento de tus deseos. Por ejemplo, si a ti te gusta cierto tipo de comida, películas, música, paseos, etcétera y a tu futura esposa no, corta esos ramales de tu árbol. No esperes a que lo haga ella, tus suegros o tus hijos: córtalos, por el bien de tu matrimonio y de tu familia. En otras palabras, aprende a ser como el agua, que gustosa toma la forma de la vasija que la contiene, sin perder por ello su sabor, su frescura, ni alguna de sus propiedades.

    9. Aprende a satisfacer las necesidades íntimas de tu esposa. Sí, tienes que documentarte, y de las mejores fuentes. Hay buenos manuales, serios, que te serán de ayuda. El de Sexualidad humana, de James Leslie McCary, por ejemplo, siempre será recomendable, aunque ya es algo viejo. El de Janet Shibley Hyde acaso no sea tan bueno, pero es mucho más actualizado.

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  • El maestro en finanzas, Kevin S. Hamilton, no hace mucho hablaba sobre cómo las pequeñas decisiones son las que traen las más grandes consecuencias. La constancia —o la falta de ella— en llevar a cabo esas pequeñas decisiones es la que causa el éxito o el fracaso en el matrimonio. Sí, claro que es posible ser feliz en el matrimonio si ambos se comprometen a andar, juntos, por el camino de la felicidad. Como dice Hamilton, la felicidad exige disciplina y constancia porque, al final, toda decisión, por pequeña que sea, tiene ecos en la eternidad.

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Oscar Pech ha dedicado su vida a la enseñanza, la lectura, la escritura y la capacitación en diferentes partes de la República mexicana. Es una persona profundamente comprometida con la familia y los valores morales.

Sitio Web: http://oscarpech.blogspot.mx/

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