Una nueva oportunidad para mi familia

Tengo dieciséis años de casada y tres hermosas hijas. Hemos pasado por experiencias muy edificantes y otras que han sido un enorme desafío, pero al final siempre ganamos.

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  • Los orígenes de mi matrimonio

  • Cuando tenía veinte años de edad, me postulé para el trabajo de mis sueños en el área de diseño gráfico. ¡Me sentía realizada! A pesar de ello, fue un periodo muy complicado por muchas razones. Una de ellas era que mis padres se oponían: según ellos, estudiar esa carrera era un desperdicio de tiempo, talentos y dinero. Los complací estudiando contabilidad, todo lo opuesto a lo que yo deseaba. Fue una época de gran caos y frustración, donde me sentía como un pez queriendo volar, hasta que decidí regresar al agua y me inscribí en la escuela de diseño gráfico, sin imaginar que ahí conocería a mi futuro esposo.

  • Iniciamos una relación y nuestras prioridades cambiaron cuando supimos que venía en camino nuestra primer hija. Era una mezcla de alegría y nervios. Después de una larga espera y algunas molestias, al fin nuestra hija estaba en nuestro hogar. ¡Me gozaba cada día con ella! Cada momento era tan especial, que no quería ver el calendario ni pensar en el día en que tendría que regresar al trabajo. Fue muy difícil separarme de ella, quería vivir todas sus gracias. Sin embargo, deseábamos tener nuestra casita e independizarnos de mis padres, así que teníamos que trabajar y ahorrar mucho.

  • En esa época, el jefe de mi área contrató a mujeres jóvenes como yo, salvo que ellas eran solteras. Yo las veía ir y venir con sus compromisos de estudios, ya que estaban inscritas en la misma carrera que yo había dejado pendiente. Paseaban y salían con amigos, mientras yo debía salir corriendo a atender a mi bebita. Las admiraba mucho y deseaba ser como ellas. Así que me apunté nuevamente en la universidad, pero esa rutina de llegar temprano al trabajo, correr a la escuela, regresar pronto a casa, tener cena y ropa limpia para mi esposo, etcétera, me provocó un gran desgaste físico y emocional. Para colmo, veía poco a mi esposo porque nuestros horarios y descansos no coincidían. No convivíamos tanto como antes y ese vacío comenzó a alejarnos y, sin darme cuenta, yo me acercaba cada día más a mi trabajo.

  • Crisis familiar

  • Estas circunstancias empezaron a deteriorar mi relación con mi esposo y mis hijitas, que para este momento ya eran dos. Yo no quería entender la diferencia que había entre mis amigas solteras y yo. Anhelaba hacer lo mismo que ellas, verme logrando metas, comprarme cosas y sentirme importante y exitosa. Mi presupuesto muchas veces estaba en números rojos, las tarjetas de crédito sobregiradas y yo sin dinero en la bolsa.

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  • Me molestaba tener que llegar a casa, de modo deliberado retrasaba cada vez más mi regreso y me pesaba hacer las tareas domésticas. Cometí el error de aplicar con mi familia el dicho: "Más vale calidad que cantidad": Jugaba un rato con mis hijas y luego las mandaba a dormir, o las compensaba comprándoles juguetes bonitos, ropa o llevándolas de paseo a lugares caros. Hasta que un día me pregunté por qué no me sentía feliz, si se suponía que estaba realizándome en mi carrera y compartiendo ese tiempito con mi familia.

  • Tantos años con ese estilo de vida fueron un gran desgaste, no lograba encontrar un equilibrio y finalmente, toqué fondo. Me deprimí tanto que me enfermaba con frecuencia, el trabajo que una vez amé ya no me entusiasmaba, me levantaba tarde y me volví perezosa. Para ese entonces, mi matrimonio ya estaba en la cuerda floja y me percaté que debía tomar una decisión pronto: me divorciaba o intentaba reconstruir mi matrimonio.

  • Decidí dejar el trabajo. Cuando comenté con mis colegas que me iba para dedicarme a mi hogar, pegaron el grito en el cielo: "¡Cómo te vas a ir!" "¿Te das cuenta que vas a depender de tu esposo? Y si mañana te deja, ¿qué vas a hacer?" Fue tan difícil para mí, que terminé asistiendo al psicólogo y devoré infinidad de libros sobre relaciones de pareja.

  • Finalmente, después de verme tentada a desistir en tres ocasiones, tomé la decisión más sabia: ir a la iglesia. Necesitaba respuesta divina a mis problemas y ese día la recibí. Nunca olvidaré el mensaje que se dio: "Ningún éxito en la vida, compensa el fracaso en el hogar" (David O. McKay). Esta idea penetró mi corazón y lloré desconsoladamente; era la respuesta que tanto anhelaba. Al día siguiente, llegué muy temprano al trabajo y llevé mi carta de renuncia a mis empleadores. Les expliqué mi situación, ellos comprendieron y, después de un par de días, terminó nuestro contrato laboral. Esa resolución fue como "tirarme al vacío" de nuevo.

  • Una nueva oportunidad

  • Desde entonces, han pasado nueve años de desafíos, nada ha sido fácil pero también hemos recibido muchas bendiciones. Por supuesto, no estoy en contra de lograr metas en la vida, pero considero que es necesario establecer prioridades y buscar un equilibrio para no sacrificar a quienes amas.

  • Comprendí que al poner en primer lugar a nuestro Padre Celestial, empezamos a tener control sobre el curso de nuestra vida. Supe con toda certeza que dedicarme a mi familia es el camino a la felicidad. A pesar que fue difícil al principio, nunca se cumplió lo que mis colegas dijeron, al contrario, nunca hemos pasado hambre, mi esposo y yo progresamos y estamos más unidos que nunca. Hace poco nació nuestra tercer hija en un hogar beneficiado por lo que hemos aprendido de esta experiencia. Mis hijas mayores ahora tienen una formación espiritual y no solo temporal.

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  • Actualmente soy freelance en diseño gráfico y también me dedico a la ilustración infantil, descubrí mi pasión por la fotografía y hago todo ello sin desatender a mi familia. Alguien me dijo un día: "¿Sabes por qué Satanás está tan pendiente de las mujeres? Porque por medio de ellas se pueden perder o salvar generaciones completas".

  • Sé que tengo una familia imperfecta, pero me esfuerzo por ser un pilar en mi hogar. Sé que estoy en el mundo para aprender y que un día veré en la adversidad un medio para fortalecerme. Mi meta ahora es tratar de ser como la mujer que describe Probervios 31:10.

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Alejandra Rodas, su esposo y sus 3 lindas princesas viven en Guatemala. Es freelance en diseño gráfico e ilustradora infantil.

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