Cuando hables con tu familia, escucha lo que te dicen con la mirada.

Al reconocer, sin descalificar, los sentimientos de tus hijos, de tu esposa o esposo, los ayudas a superarlos y logras una importante conexión emocional con ellos. Al buen entendedor pocas palabras. Aprende a escuchar a tu esposa, esposo e hijos.

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  • Cuando empecé a leer el libro Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen, de Adele Faber y Eliane Mazlish –expertas en comunicación entre adultos y niños–, tenía la firme intención de escribir un artículo que ayudara a los padres en la comunicación con sus hijos adolescentes. Sin embargo, encontré valiosos recursos que pueden ayudar a mejorar la comunicación a todo nivel: los errores en la comunicación que ilustra el libro los cometemos no solo con nuestros hijos, sino también con nuestro esposo o esposa. ¿Quisieras entender lo que tus hijos o tu esposo tratan de decirte? ¿Te gustaría escucharlos genuinamente? ¿Quisieras responder de forma oportuna a sus necesidades? Al buen entendedor, pocas palabras. Aprende a escuchar a tu esposa, esposo e hijos. Lee en esta nota cómo lograrlo:

  • Concéntrate en los sentimientos

  • El primer capítulo del libro de Faber y Mazlish trata la importancia que debes conceder a los sentimientos del otro. Usualmente, cuando alguien quiere decirte algo te fijas más en el tono que utiliza o quizás en la actitud, pero no vas a lo que está tratando de decirte o a lo que siente. Vamos por partes, si bien todo aquello que acompaña el mensaje interviene e influye en la comunicación, eso es lo que tienes que dejar de lado para llegar a la clave del mensaje; al hacerlo, sin darte cuenta, ganas doble, porque no solo logras comprender los sentimientos de quien te habla, sino que lo desarmas, logrando que baje la guardia y confíe en ti.

  • En el caso particular de los hijos se trata de un recurso valioso. Como madre, muchas veces puedes angustiarte al no saber que le sucede a tus hijos, te sientes impotente al verlos tristes, deprimidos, molestos, pero no sabes cómo reaccionar, y puedes caer en la crítica o de repente juzgarlos por sus sentimientos, por su actitud, por su comportamiento o los aconsejas acerca de cómo resolver las situaciones. Con todo esto, sin embargo, lo único que logras es que se cierren más a la comunicación y no logras llegar al fondo de sus sentimientos que, en todo caso, es lo más valioso.

  • ¿Qué debes hacer entonces?

  • Permite que expresen sus sentimientos. No los juzgues si están tristes o molestos, déjalos expresarse, así no lo hagan de la manera correcta; en contraparte, cuando permites que los demás expresen lo que sienten sin enfrentarse a la crítica porque lloran o por demostrar su enojo, creas un ambiente más propicio para el diálogo. Una vez que la persona haya sacado su dolor, su rabia, estará más preparada para hablar.

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  • Al escucharlos no intentes dar soluciones, solo muestra comprensión, di cosas como, “Entiendo cómo te sientes”, “Es verdad, eso es muy doloroso”, “Tienes razón, es frustrante”. No te imaginas el efecto de estas palabras; lograrás que tu esposo, esposa o tus hijos entren en sintonía contigo, se abran emocionalmente y estén dispuestos a seguir hablando de lo que sienten.

  • En este momento te estarás preguntando, y ¿cuándo intervengo, en qué momento puedo orientar a mi hijo, a mi esposo o a mi esposa, ante esta situación? Una vez que tus hijos o tu esposo hayan terminado de relatar la situación y de expresar su sentir, puedes decir, por ejemplo, “¿Crees que puedo hacer algo para ayudarte?”, o intervenir diciendo, “¿Qué harás ahora?”. Esto creará un clima en el que poco a poco podrás dar una sugerencia ante las alternativas que te presenten. Al final puedes cerrar con lo siguiente, “Confía en ti, sabrás tomar la mejor decisión”, o “Aquí estoy para cuando me necesites”.

  • Al reconocer, sin descalificar, los sentimientos de tus hijos o de tu esposo o esposa, los ayudas a superarlos y consigues una importante conexión emocional que permite que ellos confíen en ti y mejore no solo la comunicación, sino la relación. En este artículo hallarás otra forma de comunicarte con tu esposo.

  • Otros recursos que pueden servirte para mejorar la comunicación, de acuerdo con las autoras del libro, son los siguientes:

    • No dar órdenes. A menudo las órdenes producen enojo y resistencia; por el contrario, explícales el problema y ellos tratarán de ser parte de la solución, “Si tomas dos pedazos de pizza, tu hermano se quedará sin su parte”.
    • Describir lo que sientes. Cuando te sientas molesto, enojado o decepcionado por algo, en lugar de acusar evitando que se pongan a la defensiva, solo describe lo que sientes, “Me siento un poco decepcionado, esperaba encontrar la cena lista; en eso habíamos quedado”.
    • No amenazar. Ante las amenazas los demás pueden mostrarse desafiantes, de modo que presenta alternativas; en lugar de, “Si vas vestido de esta manera a la calle, no irás conmigo” puedes decir, “Vamos a un lugar formal, ¿qué tal si usas una camisa más adecuada o quizás una chaqueta sobre la camisa?”.
    • No dar largos discursos. Normalmente los demás se desconectan ante largos discursos, así que un corto recordatorio estaría bien, y en lugar de decir: “¿Cuántas veces tengo que repetirte que no dejes tu chaqueta sobre el sofá cuando regresas a casa?”, podrías decir nada más “Tu chaqueta”.
    • No hacer críticas. Más bien expresar, de manera respetuosa y clara, tus expectativas; es decir, qué esperas de ellos. En lugar de decir, “Siempre tienes tu habitación hecha un desastre”, intentar con “Cómo me gustaría ver limpia y ordenada tu habitación”.
    • Sustituir la crítica por humor. Esto es algo que siempre hago con mi hijo, a quien, en lugar de decirle que lleve la loza que tiene en su habitación a la cocina, siempre le digo: “¿Cambiamos de lugar la cocina?”, y él se ríe y recoge la loza.
    • Decirlo por escrito. Me encantó el ejemplo del libro: un padre, en vez de decirle a su hijo que llevara al parque a su mascota, le escribió una nota que decía, “Querido Jeff, ¡o voy afuera o me hago adentro! Con amor, Pepper”.
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  • Todos los días debemos intentar nuevas y diferentes formas de comunicarnos cuando las que usamos no funcionan; la tolerancia, el respeto y la aceptación del otro son valores imprescindibles en la comunicación. ¡Te deseo que llegues al corazón de tu familia!

  • También puedes leer este otro interesante artículo sobre consejos para dialogar con adolescentes.

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