No es una enfermedad, pero ¡cómo duele!

Si quieres que tu hijo venza este silencioso enemigo, tendrás que ayudarle y hacer algunos cambios.

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  • La timidez no es una enfermedad emocional, pero cómo duele. Paco lo sabe muy bien, en el patio del recreo se sienta solo, alejado de los otros niños. No se anima a levantar la mano en clase y si no tiene más remedio que trabajar con su compañera de banco, busca la forma de hablar muy bajito, para que el resto de los compañeros no lo escuchen. Se pone muy ansioso si la maestra pide que lea en voz alta, y empieza a temblar en el patio cuando tiene que hacer alguna pirueta en la clase de gimnasia. En sus propias palabras, “estar en casa es el paraíso”.

  • Los niños tímidos no generan problemas en clase, como quienes platican mucho o son inquietos. Sin embargo, para los maestros, padres y educadores son un tema que preocupa. A pesar de ello, muy pocos niños vienen a consulta por esta causa y, cuando lo hacen, en general llegan con alguna nota de la escuela que dice: “No participa en clase”.

  • Existe la creencia de que, con el paso del tiempo y al acercarse a la madurez, el niño tímido dejará de serlo. Esto es una verdad a medias. En la mayoría de los casos, vienen a consulta no durante la infancia, sino cuando son ya jóvenes y llegan, además, con un corazón destrozado. A medida que pasa el tiempo, el niño debe ir incorporando una serie de habilidades sociales que le permitirán establecer lazos vinculares y adquirir un desempeño emocional adecuado. Cuando los niños no logran establecer en forma adecuada estas habilidades sociales, se ven limitados en su capacidad para comunicarse y tendrán una mochila cargada de historias afectivas llenas de dolor.

  • Cómo identificar si tu hijo es tímido

  • La timidez es muy difícil de caracterizar, ya que cada niño la expresará a través de diferentes síntomas; sin embargo, hay factores comunes que nos indican cuándo estamos ante un niño tímido:

  • Ansiedad, temor o miedos

  • Éstos suelen aparecer a la hora de expresarse frente a otras personas, ajenas a su núcleo familiar: participar en clase, realizar alguna actividad por sí mismo (como ir al almacén o escribir en el pizarrón). Sumado al temor, viene un elemento de ansiedad, que se manifiesta con dolores estomacales, ganas de ir al baño, temblores, tartamudeo y el clásico enrojecimiento de las mejillas.

  • Baja autoestima

  • Si tu hijo es tímido, debes saber que es un niño que sufre, que puede tener sentimientos de inferioridad o minusvalía frente a sus compañeros. En general, hay también sentimientos de indefensión y culpabilidad por no poder satisfacer a los demás. En algunas ocasiones se presentan síntomas de depresión y gran sensibilidad. A veces, la tristeza que se experimenta por no poder expresarse, hacer amigos o socializar, llevan a estos niños a estallar en llantos y quejas somáticas (como dolor de cabeza, de estómago). Todo ello es generado por el miedo o ansiedad por enfrentarse a situaciones o momentos en los que siente que no podrá responder adecuadamente.

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  • Dificultades para relacionarse con otros

  • La timidez puede llevar a los niños a tener problemas para relacionarse incluso con sus pares, o con otros familiares adultos no tan cercanos. En lo posible, evitan participar de cumpleaños, reuniones sociales, conversar con otros niños, tomar la iniciativa de invitar a otro a jugar. Simplemente, se muestran distantes, aislados, inseguros, sumisos a los deseos de los otros y con escasa expresión a la hora de manifestar sus emociones.

  • Las causas de la timidez pueden ser diversas: el niño tímido nace, pero también se hace. Por ello es fundamental que desde pequeños se establezcan lazos afectivos y se provea al niño de seguridad afectiva. Esto le permitirá constituir las bases para una personalidad segura y firme. Es importante que se le permita, desde muy temprano, interactuar con otros niños, que se le deje correr riegos propios de su etapa evolutiva, sin generarle miedo o vergüenza.

  • Ayuda a tu hijo a vencer la timidez

  • Recuerda que tú como madre eres un pilar para la superación personal de tu hijo. Con pautas adecuadas pero sin sobreprotección, puedes favorecer su autonomía y su capacidad para relacionarse sanamente:

  • No lo fuerces

  • Al enfrentar una situación nueva, tu hijo deseará evadirla. Es muy importante que le des tiempo y confianza, sin forzarlo. Alienta las situaciones que ha logrado enfrentar con éxito, consolídalas y de a poco promueve otras nuevas.

  • No lo ridiculices, ni lo avergüences frente a otros

  • En especial, jamás le digas cosas como “Tus amiguitos sí lo hacen”.

  • Sé incondicional

  • Aunque implique que por dentro tienes ganas de obligarlo o termina con tu paciencia, tu hijo necesita saber que le entiendes y que vas a estar ahí para sostenerle, cada vez que sea necesario.

  • Busca un amigo de su edad

  • Ayúdale para que, en forma gradual, adquiera confianza en sus pares. Anímale para que logre establecer un lazo seguro y éste le dé confianza para realizar las cosas que su amigo hace.

  • No a la sobreprotección

  • Si tú hablas o haces cosas por él, no estás permitiendo que resuelva su timidez, sino que refuerzas su inseguridad y dependencia. Los padres sobreprotectores toman la palabra en el nombre de su hijo y acuden a consolarle cada vez que se muestra retraído. Esto, sin embargo, no ayuda a que el niño supere su timidez.

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  • No lo aísles

  • Ni te aísles.

  • Busca oportunidades para que socialice

  • Déjalo participar con otros niños de actividades propias de su edad. Invita a sus amigos a almorzar, a ir al cine o realizar deportes. Anímale a que participe de fiestas y reuniones escolares donde pueda practicar sus habilidades sociales.

  • Reconoce sus logros

  • Cada logro por pequeño que sea, debe ser premiado. Refuerza sus méritos, eso hará que se sienta valorado y que confíe en sus propias capacidades.

  • Para un niño, vencer la timidez puede tan escabroso como escalar un monte muy alto. Sin embargo, si le acompañas, seguro podrá llegar a la cima y celebrar su victoria.

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Marta Martínez es de Uruguay. Posee una licenciatura en Psicología, y un posgrado en Logoterapia. Ama todo lo que hace y adora servir. Es especialista en atención psicológica domiciliaria. Contacto:

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