Por salud y conveniencia hay que aprender y enseñar a perder

Un niño que hace berrinche porque no le dieron el juguete que quería, el adolescente que atenta contra su vida y el adulto que pierde el control por cualquier motivo. A todos ellos, desafortunadamente no les dieron esta lección.

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  • Todos debemos, por salud y conveniencia, aprender a manejar la frustración y desarrollar la tolerancia. Entre más pronto comencemos, como padres, con estas lecciones en casa nos evitaremos muchas vergüenzas, dificultades y sinsabores con nuestros hijos en el futuro. Por salud y conveniencia hay que aprender y enseñar a perder.

  • Uno de los errores clásicos que cometemos es pensar que los hijos solamente aprenden a ganar o a perder mediante el deporte, cuando son incontables las oportunidades que día tras día se presentan o que, inclusive, debemos provocar para enseñar estos principios. Vamos a trabajar algunas ideas para comprender un poco más el tema:

    • No es correcto hacer sentir a los niños que los juzgamos o que nuestro amor por ellos está condicionado a resultados. Por ejemplo, estas frases, “Ya no te voy a querer si te portas mal”, “Sacaste bajas calificaciones porque eres flojo”. Todos los niños deberían tener la seguridad y certeza de que son amados por el simple de ser ellos.
    • Otro error es cuando no les enseñamos a reconocer el esfuerzo, las habilidades o destrezas en otras personas, y decimos que es “suerte” o que sus logros los obtuvieron de maneras cuestionables. Muchos padres de familia se afanan queriendo dar a sus hijos “lo que ellos no tuvieron”, o a satisfacer en exceso sus necesidades. Complacen a sus hijos en todo de manera anticipada y de sobra, provocando con ello que los niños no se esfuercen y lo reciban todo por nada y peor aún, que ni siquiera lleguen a desear algo fervorosamente, pues “el exceso de estímulo apaga el deseo”. Estos niños, sin saber lo que cuesta ganar u obtener algo, se vuelven insensibles hacia la necesidad de otros. Procura reconocer el esfuerzo y el talento de otros y que tus hijos te escuchen y mejor aún, reconoce, sin premiar, el esfuerzo.
    • No resuelvas los problemas solamente con dinero.
    • Es de verdad lamentable enterarse que los jóvenes se suicidan por no obtener un lugar en la universidad, por una decepción amorosa o porque no pudieron tener el nuevo teléfono celular. Cuando animamos a nuestros hijos a ganarse las cosas, a trabajar, a ahorrar para comprar algo o a que se las ingenien para salir adelante sin todos los recursos, los preparamos y fortalecemos para el mañana.Es de verdad lamentable enterarse que los jóvenes se suicidan por no obtener un lugar en la universidad, por una decepción amorosa o porque no pudieron tener el nuevo teléfono celular.
    • Practica la competencia contra sí mismo y a vencer los propios límites. Invita a tus hijos a competir en juegos de mesa y en deportes y a seguir las reglas, no importa si los otros lo hacen o no; a esperar su turno en largas filas, a compartir con los hermanos y compañeros y a sentir satisfacción por el logro y esfuerzo personal. Ellos, poco a poco, irán comprendiendo que no son los únicos, que hay más personas con iguales necesidades y talentos y que las cosas que valen la pena, cuestan esfuerzo y trabajo. Anima a ir a felicitar a otros cuando pierden, cuando alguien logra algo especial y a reconocer el esfuerzo en todos. Sé, por experiencia propia, que una de las lecciones más grandes de tenacidad y esfuerzo no siempre las dan los que ganan.
    • Cometer errores es la gran oportunidad de aprendizaje, cuando se analiza con la actitud y la forma correctas. En cierta ocasión mi esposo dedicó recursos y mucho tiempo a preparar una rica lasagna para agasajar a la familia. Al momento de llevarla a la mesa se veía excelente y muy apetitosa, pero al intentar servirla con gran sorpresa nos dimos cuenta de que no se había cocido correctamente la pasta; el platillo no servía. Mientras comíamos lo que se podía revisamos capa por capa para determinar qué había sucedido, hasta que dimos con el error: no había suficiente líquido en la mezcla. Es decir, si estudiamos el error en el mismo encontraremos la solución al problema.
    • La manera como reaccionamos, así lo harán nuestros hijos. No hay mucho que decir al respecto, ¿verdad?
    • Confundimos fortalecer la autoestima con ocultar las limitaciones y minimizar sus errores. Hace tiempo, en un colegio, me tocó observar que en una “Olimpiada” todos los niños recibieron la misma medalla, ganaran o perdieran, cosa que me llamó la atención. Al escuchar comentarios de los niños, uno le dijo a su mamá: “Yo sí le eché ganas, ¿y me dieron lo mismo?”. Otro más comentó a su papá: “¡Me la dieron y ni hice nada!”. Cuando indagué por qué la escuela había decidido esa estrategia me comentaron que los papás lo habían planteado, pues “los niños que no ganan hacen ‘berrinche’ (rabietas) y les tienen que comparar algo o aguantarlos todo el día”. ¡Me quedé sorprendida! ¡La vida no es así! ¡Estamos criando generaciones muy débiles, que no pueden manejar la frustración y enfrentar los problemas y dificultades de la vida! ¿No crees que es mejor enseñar tanto a ganar con humildad como a perder con dignidad? Esa es nuestra labor.
    • Hay conductas que en casa no se deben animar, aceptar y mucho menos practicar, y esas son alegrarnos cuando alguien se equivoca o se lastima, insultar a los ganadores, a los que se atreven a ser diferentes; las conductas altaneras, ridiculizar o burlarse de cualquier persona y obsesionarse con vencer y humillar.
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  • Te deseo un día maravilloso.

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Escritora, esposa y madre de tres hijas. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.

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