Violencia doméstica: las mujeres agresoras

La violencia doméstica se presenta de muchas formas, y una que se está incrementando es aquella en la que el hombre es la víctima. Este es un tema que debe de tomarse con la misma seriedad que en el caso más común.

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  • Una pareja buscó mi ayuda porque ella tenía una adicción a las compras. Por ello su relación se encontraba en una situación difícil. No fue sino hasta el segundo año de mi entrenamiento de maestría que me encontré con un caso así. Sabía que existían, pero jamás me pasó por la cabeza que yo atendería uno como terapeuta. Al principio de la terapia nada se mencionó, hasta que durante una sesión me di cuenta de que el esposo tenía marcas en sus brazos, como hechas con uñas o con tijeras. Interrumpí la conversación (en mi oficina tengo cero tolerancia para la violencia doméstica) y le pregunté al marido qué le había pasado. El diálogo fue el siguiente.

  • –¿Qué son esas marcas en tus brazos?, le dije mirándolo directamente a los ojos.

  • –No estoy seguro, respondió, evadiendo mi mirada y viendo rápidamente a su esposa.

  • –Creo que sí sabes. ¿Necesitas acaso pedirle permiso a tu esposa para decirme?

  • –No, claro que no, no es nada… no pasa regularmente –se ponía cada vez más nervioso.

  • –Puedo ver que estás nervioso, y que esto es difícil para ti, pero no te puedo ayudar a menos de que seas completamente honesto conmigo. Así que te pregunto de nuevo, ¿qué son esas marcas en tus brazos?

  • Lo que siguió fue una conversación en la que él describió cómo había intentado quitarle la cartera a su esposa, con intención de que no usara todo el dinero que tenían disponible en una compra que no necesitaban hacer. Ella, en su frustración, con unas tijeras agredió a su esposo. Lo más triste de la situación es que no era la primera vez que ella lo agredía, y esto se había convertido en parte de su relación. Este primer caso de violencia me confirmó lo que había imaginado: existen mujeres agresoras, que utilizan la violencia para controlar y atemorizar a su pareja. Este tipo de situación tiene muchas similitudes con el tipo de violencia doméstica cuando el hombre es el agresor; no obstante, existen diferencias que sí hacen la situación distinta y digna de ser evaluada. A continuación te presento dichas evaluaciones:

  • 1. El control no es tanto físico, sino psicológico

  • Sabemos que, con sus pequeñas excepciones, los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres. Su masa muscular es mucho mayor y su anatomía está hecha para soportar más peso comparada con la femenina. Es por eso que cuando las mujeres son las agresoras el control ejercido no es tanto físico, sino psicológico, pues la mayoría de los hombres saben que si quisieran podrían evitar los golpes o el maltrato con solo levantar la mano; sin embargo, psicológicamente han creído en los siguientes mensajes: “no vales nada”, “eres un fracaso”, “eres débil”, “no puedes lastimarme” y “no eres hombre suficiente”, entre otros. El dolor que estos mensajes provoca es la razón por la cual ningún hombre osa defenderse, pues no se creen capaces de poder hacerlo y sienten un miedo legítimo a su pareja.

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  • 2. Viven en un cautiverio cultural

  • Durante la historia de la humanidad se han transmitido dos mensajes opuestos: Por un lado, "el hombre nunca debe golpear a una mujer" y, al mismo tiempo, "es aceptable hacerlo". Los hombres que son víctimas de esta violencia han internalizado la primera idea, aquélla de que el hombre nunca debe golpear a una mujer. Muchos de mis pacientes me han dicho que se sienten presos de esta noción cultural, pues casi nadie los toma en serio cuando se han atrevido a comunicar el abuso, pero saben bien que si algún día se defendieran, la sociedad lo tomaría más en serio y lo señalaría a él como el agresor –una triste realidad que he experimentado profesionalmente–.

  • Son dos diferencias sutiles, pero de vital importancia, pues es usual que las víctimas pasen desapercibidas porque estos dos puntos no son entendidos. Es momento de tomar a estos hombres que son víctimas y darles ayuda de la misma forma que se le brindaría a una mujer víctima de la violencia doméstica.

  • En la segunda parte de este artículo ofreceré algunos consejos para derrotar los mensajes que te mantienen preso de este abuso, así que mantente pendiente. Te invito a que compartas este artículo para poder darle una voz a aquellos que se encuentran en silencio, y dar información acerca de este tema que se ignora o minimiza.

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Denhi Chaney es egresada de la Universidad de Brigham Young con maestría en Terapia de Matrimonio y Familiar. Denhi también es esposa y madre de un niño. Puedes contactarla en .

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