¿Listos para cambiar al mundo? Altruismo en medio del caos

Si no crees en la magia, es mejor que empieces ahora, porque con un acto de bondad o una sonrisa podrás cambiar el mundo.

Erika Otero Romero

Todos tenemos días en que no queremos ni levantarnos de la cama por pura predisposición a enfrentarnos a lo mismo de siempre: rabia, violencia, pobreza, desesperanza y dolor, entre tantas otras emociones y situaciones que a veces nos agobian al punto de sumergirnos en un estado de tristeza que no nos deja ver el sol aunque sea un día de verano. Pese a esta circunstancia, ¿no te ha ocurrido que un solo gesto amable de un ser querido o incluso de un desconocido puede cambiarte el panorama? Así es, y respecto a esto yo aprendí algo que no creo poder dejar de hacer nunca. Lo mejor de todo es que me gusta.

Algo tan sencillo como un saludo

Hace tiempo una amiga de mi madre se enojó conmigo porque una mañana yo pasé al lado de ella y no la saludé. Para ser franca, ese acto me hacía sentir incomoda y tonta. Tiempo después tuve la oportunidad de conocer a una chica que tenía por costumbre saludar con una sonrisa en su cara a cuanta persona encontraba en su camino; yo me sentía incomoda, no había superado mi inmadurez en ese aspecto. El solo pensar en tener ese gesto con las personas se me hacía un hábito algo anticuado. ¿Quién se toma la molestia de saludar a un desconocido en la calle? Sí, sé que es una tontería; sin embargo, me impresionaba el efecto que un simple saludo generaba en las personas, así que me dije: “¿qué me cuesta ponerlo en práctica?”, y lo hice.

De a poco la perspectiva iba cambiando: un día fue un saludo a un desconocido; luego, una palabra amable o ayudar a alguien en la calle. Después, fue hacer alguna tarea en casa en beneficio de alguien. Al principio no me sentía a gusto, pero como todo en la vida, lo que se hace por primera vez siempre es difícil y es cuestión de romper esquemas mentales que por desidia a veces nos negamos a desafiar.

Puede que sea difícil de creer, pero estos actos tan simples cambian perspectivas y se convierten en una especie de “onda expansiva” de buenas acciones, pues quien recibe una sonrisa o se vio beneficiado con un acto amable, se sentirá con la misma fuerza para regresar lo que alguien en algún momento le dio. Finalmente, estas son las únicas cosas que te llevarás a la tumba: todo lo que hiciste alguna vez a los demás te será regresado y esto aplica para los buenos como para los malos actos.

Siendo adultos es un poco más complicado cambiar viejas costumbres; sin embargo, tú puedes enseñar a tus hijos la magia de cambiar el mundo aunque sea para una sola persona en un día.

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1. Enseña a tus niños a ser amable con los demás

Esto no es igual a ser confiado, se trata de pequeños actos: si ve que al caminar por la calle a una persona se le cae algo de dinero y sabe quién es el propietario, incúlcale que regrese ese dinero.

2. Los ‘scouts’ suelen hacer buenas obras

, pero no es necesario ser uno para ayudar a un anciano a cruzar la calle o para auxiliar a un animal necesitado.

3. Sé tú un ejemplo para tu hijo

Y acá va de nuevo: los niños aprenden por el ejemplo. Tú eres adulto, sé un héroe de buenas obras para tu hijo: saluda, ayuda, sonríe a tu prójimo, y tu pequeño no dudará en imitarte.

Hoy por hoy el mundo necesita de gente que esté dispuesta a dar amor a los demás a través de buenas obras. Recuerda que si quieres un cambio en el mundo, debes empezar cambiando tú.

Nunca olvides: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

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Erika Otero Romero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.