¿Invitarás a Santa Claus para esta Navidad?

Una decisión difícil que tienen los padres jóvenes es esta: si decir o no a sus hijos que existe Santa Claus. Aquí te doy algunas ideas que acaso puedan ayudarte en esa decisión.

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  • Yo crecí sin saber que existía Santa Claus. En mi pueblito solo llegaban, y cuando nos iba bien, los reyes magos el 6 de enero. Así que cuando nos casamos y llegó el momento en que mi entonces esposa estaba esperando a nuestro primer bebé, empezamos a decidir si Santa sería o no bienvenido en el hogar como parte de nuestras tradiciones navideñas. Poco más o menos hicimos una lista de pros y contras. Entre éstos, los principales eran:

    • No es nuestra cultura

    • Es permitir que el comercialismo entre al hogar

    • Es mentir a los hijos para que crean en algo que no existe

    • Es manipular a los hijos de una manera descarada para que se porten bien

  • Pero del otro lado había dos simple razones, que pesaban más que todas las demás:

    • Es darle más ilusión a la vida de los hijos

    • Somos parte de una sociedad

  • Si tu hijo no cree en Santa, cuando crezca y entre a la escuela, todos sus compañeritos lo van a ver de verdad como a un niño MUY raro.

  • No teníamos prisa, pues, porque nuestro bebé creyera en Santa, así que la primera Navidad no pasó nada. Para la segunda Navidad ella todavía estaba muy renuente, así que le dije que hiciéramos el experimento: compraríamos los juguetes y al amanecer del día de Navidad le diríamos a nuestro bebé que Santa había llegado en la noche y le había traído esos juguetes, y veríamos cómo reaccionaba. Así lo hicimos. Cuando ella vio la expresión de sorpresa y felicidad en su rostro (y yo no puedo recordarlo sin que los ojos se me rasen de lágrimas), de inmediato accedió: Santa fue nuestro invitado cada año. Ahora, hay cosas que nunca le permitimos, y hay cosas que alentamos. Permíteme decirte qué límites le pusimos, esperando que te sean de utilidad:

    1. Nunca permitimos que Santa fuera el centro de la Navidad: siempre cuidamos que la Navidad girara en torno al nacimiento de Jesús, no de recibir regalos.

    2. Siempre cuidamos que para la segunda semana de noviembre todos los regalos estuvieran comprados, y así la temporada Navideña nunca fue una época de prisas.

    3. Nunca insistimos en que si se portaba mal, Santa le traería carbón en vez de juguetes. Es decir, que siempre procuramos que Santa ocupara un lugar secundario en estas fiestas, no que fuera el protagonista. Y eso fue muy importante, para que cuando dejaran de creer en él, no se sintieran engañados o traicionados por nosotros, sus padres. Una pareja de amigos, cuando le dijeron al menor de sus hijos que Santa no existía, fue un choque fuertísimo para el niño. De inmediato le dijeron que tampoco los reyes magos existían, y entonces el niño, de veras muy lastimado (le arrancaron una ilusión muy fuerte de tajo; le hicieron descreer cosas que eran muy importantes para él), se rehízo rápidamente y, armándose de todo el valor que pudo juntar, le preguntó a sus padres: "Y ustedes… ¿ustedes al menos sí son mis padres?" Yo me doblaba de la risa, pero para un niño puede ser muy fuerte saber que sus padres le hayan mentido por toda su infancia.

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  • Nuevamente, no es poca cosa decidir si tus hijos creerán o no en Santa. Ahora, volviendo a Santa: con el paso de los años hubo algunas cosas que hicimos para hacer su presencia memorable:

    1. Como vivíamos en el norte del país, con inviernos muy crudos, esa noche procurábamos no prender la chimenea, para que Santa no se quemara los pies al bajar por la chimenea. Si vives en un lugar caluroso, te invito a que dejes una ventana abierta o algo así.

    2. En las cenizas del día anterior, yo dejaba las huellas de mis botas, y luego dejaba huellas de ceniza rumbo al arbolito, para que al otro día mis hijos vieran la prueba material de que sí había venido Santa.

    3. Junto al arbolito dejábamos un vaso de leche y galletas, para que de esa manera los niños tuvieran esa oportunidad de mostrar gratitud por los regalos que recibirían. Para ellos se volvió un detalle de gran importancia en Noche Buena, preparar esas galletas hechas en casa, decoradas por ellos mismos, junto con la leche para Santa.

  • Es triste, pero es cierto que cada año es más difícil sentir el espíritu navideño: el mundo se vuelve más y más comercial, más superfluo, más orientado a la ostentación y el consumismo, y Santa se ha vuelto la personificación de esos antivalores. Pero si tú, como padre de niños pequeños, quieres mantener el espíritu de la Navidad, puedes invitar a Santa Claus, ponerle límites, orientar a tus pequeños, y seguir sintiendo el verdadero espíritu de las Navidades presentes teniendo como eje la celebración del nacimiento de Jesús, no la visita del imaginario Santa Claus. No sé: ¿Tú qué opinas?

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Oscar Pech ha dedicado su vida a la enseñanza, la lectura, la escritura y la capacitación en diferentes partes de la República mexicana. Es una persona profundamente comprometida con la familia y los valores morales.

Sitio Web: http://oscarpech.blogspot.mx/

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