La homofobia, ese mal de todos los tiempos

Jesús supo dar su amor y tiempo a aquellos discriminados y excluidos por un sistema religioso hostil hacia el diferente. Este artículo te invita a reflexionar sobre la homofobia, que produce miles de muertes cada año.

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  • Cristo ha dado su vida por la oveja obediente, por la que se escapa y por el lobo mismo. Si hubo alguien que supo lo que era el sufrimiento humano, fue el Hijo de Dios. Se dolió por el ciego, por el cojo; pero no olvidemos que su compasión abrazó al endemoniado, a la adúltera, al publicano, al leproso y a todos los seres despreciados del sistema religioso de la época. La homofobia solo es la punta del iceberg en una sociedad cada vez más violenta, en la que la intolerancia y la falta de amor por el otro se pavonean en la vía pública y hace zapping en el sillón de miles de hogares. La homofobia es parte de un discurso normalizado de la discriminación.

  • Jean-Claude Roger Mbede, de 34 años, falleció solo y aislado, el pasado 10 de enero de 2014. Su familia y vecinos lo despreciaron. Durante un año estuvo encerrado en una prisión de Yaundé, donde sufrió torturas, vejaciones y humillaciones cada día. Al salir en libertad tuvo que vivir prácticamente escondido, porque sus familiares y amigos querían “cambiarlo”, bajo amenazas, golpes y tratamientos inhumanos. Su familia, queriendo curarle su homosexualidad, lo aisló de la sociedad, dejándolo sin tratamiento médico. El informe forense dice que murió de una hernia no tratada.

  • Raymond Buys

  • Este joven, de 15 años, falleció luego de sufrir diez semanas en un campamento sudafricano, al que sus padres lo enviaron para que le curaran su déficit de atención y su homosexualidad. Fue sometido a una dieta inhumana, llegó a comer de su vómito y de sus heces, y torturado en varias ocasiones. Según el testimonio de sus compañeros de campamento era golpeado con tablas, mangueras y palos; permanecía desnudo con una funda de almohada en la cabeza. 798 hombres y mujeres mueren en México desde 1995 hasta el 2013, por crímenes homofóbicos.

  • Es sano reconocer que en ningún aspecto de la vida puedes vivir bajo una tendencia “normalizadora”, en la que tú impongas normas de valor basadas en criterios de mayorías. Del mismo modo no existen familias tipos, hay una diversidad de formas familiares y de relaciones. No hay una única religión, sino una diversidad de creencias. Ese abanico tan diverso conforma el mundo en el que vivimos, y el amor y el respeto por el otro es lo que lo hace bello y encantador. Esto no implica que cambies tus normas o valores, sino que respetes al otro como igual en su calidad de hijo de Dios. No es menos femenina la mujer que estudia mecánica automotriz o menos viril el hombre que decide dedicarse a la música culta.

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  • El discurso homofóbico nos atraviesa en la cotidianidad, y es difícil observarlo y detectarlo. Los discursos se producen y se reproducen. Un ejemplo de esto son los comentarios que, sin darte cuenta, sueles hacer frente a tus niños: “Ese niño es muy bueno, pero no quiero que se acerque al mío”, “Esa mujer tiene algo ‘raro’, no es nada femenina”, “Qué bueno que ese muchacho va a bautizarse en la iglesia, pero no quiero que se acerque a mi hija”. Estas expresiones son claramente discriminatorias.

  • Para evitar actitudes homofóbicas primero hay que identificarlas, reconocerlas y aceptarlas. Su identificación te lleva a un acto reflexivo, de cambio y crecimiento, y te hace más prójimo de quien sufre por ser discriminado:

  • Homofobia personal

  • Se rige por prejuicios y por la creencia de que están trastornados mentalmente, o son personas inmorales. En este sentido hay que aclarar que en 1990 la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad como un trastorno mental.

  • Homofobia interpersonal

  • Algunos ejemplos son los apodos o “chistes”, cuyo propósito es insultar o difamar a personas o a grupos; la agresión física o verbal y otras formas extremas de violencia; la falta de apoyo, el abandono de amigos, colegas de trabajo y familiares, que lleva a un homobullying.

  • Homofobia institucional

  • Sucede cuando los organismos gubernamentales, las empresas, las escuelas y las religiones discriminan de manera constante por la orientación o identidad sexual. Por ejemplo, en algunos países son condenados como criminales; en otros se les interna en contra de su voluntad y se les somete a una “terapia de aversión”, a la vez peligrosa y humillante; y hay iglesias que no les permiten siquiera entrar a meditar o buscar de Dios.

  • Homofobia cultural

  • Se expresa en las normas sociales y códigos de comportamiento que perpetuán la discriminación. Por ejemplo cuando crees que un color es de “nenas” y otros de “varones”, o llamas “mariquita” a un niño tímido e inseguro; al expresar rechazo al contacto físico de una persona homosexual, o no puedes soportar ver muestras de afecto en público entre homosexuales; al creer que hay profesiones u oficios de un sexo, y si lo ejerce alguien del sexo opuesto se le llama “raro”.

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  • Soy una convencida de que Jesucristo creció escuchando el relato de las mujeres en su genealogía: Tamar (Gn, 38), que al ver negados sus derechos de viuda, fue capaz de desafiar la lógica patriarcal y sexista que cosificaba a la mujer, llevando a cabo un plan excepcional para conseguir un hijo que la legitimara socialmente; Rahab (Josué, 2), la prostituta, tejedora y hospedera, también de origen cananeo, cuyo accionar y conocimiento de los avatares político-económicos de Jericó facilitó la entrada a las tropas hebreas; Rut, quien se animó a exigir el cumplimiento de la ley del levirato que la acogía en su soledad; y Betsabé, quien supo hacer silencio cuando fue conveniente y se hizo oír cuando lo consideró necesario (1 Reyes 1:11-35), intercediendo por su hijo Salomón ante el rey.

  • De este entramado de mujeres a María, única y especial, Dios nos da testimonio de su amor y cercanía hacia aquellos que la sociedad llama pecaminosos o impuros. Que en su nombre bendito nos conceda la gracia de ser imitadores de tanta ternura y comprensión.

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Marta Martínez es de Uruguay. Posee una licenciatura en Psicología, y un posgrado en Logoterapia. Ama todo lo que hace y adora servir. Es especialista en atención psicológica domiciliaria. Contacto:

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