Los peligros de ser un papá demasiado exigente

Antes de ser maestro, soy padre; antes de padre, soy amigo; antes de amigo, soy exigente; antes de exigente, soy realista, antes de realista, soy tolerante, antes de tolerante... soy humano. Anónimo

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  • Hace unos meses me cambié de domicilio a otra ciudad y, aunque en general disfruto muchísimo de mi nueva vida, pasa con mucha frecuencia que de pronto me siento sobresaltada. Esto sucede debido a que de la casa junto a la mía se escuchan salir los fuertes gritos de mi vecina, madre de tres hijos a quienes constantemente les exige tener un mejor rendimiento escolar.

  • Por supuesto que no he visto la boleta de los chicos, pero casi podría asegurar que sus resultados deben ser superiores al promedio. Lo creo así, porque varias veces a la semana los escucho practicar música durante horas, entre los airados reclamos que les hace su mamá mientras les dice que desea que formen parte de tal o cual cosa. Los niños rara vez salen de casa y cuando lo hacen, por lo general es de la mano de sus progenitores.

  • La verdad es que los chicos son muy tranquilos, obedientes y correctos, sin embargo, cuando escucho con tanta frecuencia reproches y demandas por más y mejores resultados, me da la impresión de que es imposible que estén disfrutando de su infancia. Por supuesto que si hubiera que escoger, es mejor tener niños tranquilos y enfocados en sus estudios que aquellos que sólo andan haciendo travesuras y no tienen ningún control, pero llenarlos de tantas exigencias y reclamos de insatisfacción, es una agresión a la autoestima y el esfuerzo que ellos realizan.

  • Sabemos que por lo general, los padres suelen ser transigentes con sus hijos, pero en ocasiones como la que te cuento, me parece que todo esfuerzo por parte de los niños, a sus padres les parece poca cosa. Es por esto que es preciso encontrar un balance, ya que como dice el refrán: ni tanto que queme al Santo, ni tanto que no lo alumbre.

  • Por tanto, considero muy importante que toda madre y padre pueda tener presente lo que sus palabras y acciones pueden provocar en los pequeños, por lo que me permito compartirte las siguientes reflexiones, que espero te sean de utilidad.

  • ¿Qué pasa cuando haces sentir a tus hijos que su esfuerzo es insuficiente? ¿Qué sentimientos podrías estar provocando en ellos? Aquí, algunas ideas al respecto:

  • Baja autoestima

  • Al no reconocer sus logros y el trabajo que realizan, fortaleces en ellos la idea de que no son capaces de hacer las cosas bien.

  • Tendencia a sentirse insatisfechos

  • Sin importar si lograron o no el objetivo planteado, la idea que prevalece en ellos es que pudieron haberlo hecho mejor.

  • Preocupación obsesiva por los resultados

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  • La exigencia con ellos mismos es tan alta, que pensar que alguien sea capaz de superarlos puede ser para ellos una tortura.

  • Actitud competitiva al extremo

  • En vez de disfrutar lo que hacen, estos pequeños sentirán que ganar es todo lo que importa.

  • Depresión

  • En muchas ocasiones, los niños son incapaces de auto motivarse, pues todo el tiempo su esfuerzo ha sido para dar gusto a alguien más.

  • Poca tolerancia a la frustración

  • El creer que no están haciendo las cosas lo suficientemente bien, termina ofuscándolos e incluso pueden volverse agresivos cuando no logran sus objetivos.

  • Actitud solitaria

  • Dedican la mayor parte tiempo a conseguir los resultados que ellos mismos u otros les exigen, por lo que no se dan tiempo para divertirse.

  • Estrés

  • Generalmente, esta clase de niños viven con mucha presión como resultado de las permanentes exigencias a la que se ven sometidos.

  • Soy de la idea de que está bien que enseñemos a nuestros niños la importancia de ser responsables, inculcarles que siempre hay que dar lo mejor de sí y no conformarse con lo fácil. Ellos deben saber que el esfuerzo propio es la mejor manera de obrar para conseguir nuestros objetivos. Sin embargo, considero que no es conveniente agobiarlos con nuestras propias aspiraciones, ya que las exigencias que les hagamos deben ir de la mano de sus capacidades, su naturaleza y por sobre todo, sus intereses. Y tú, ¿qué clase de padre eres y que estás provocando en tus hijos?

  • Te invito a leer: Ajusta tus expectativas, sé mejor mamá
  • También puedes leer: Que tus expectativas hacia tus hijos, no te impidan ver a tus hijos

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Yordanka Pérez Giraldo, Cubana de nacimiento, mexicana por elección.

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