Por el bien de tu matrimonio, no pelees todas las batallas

Muchas son las ocasiones en que lo único que se requiere es no tomarlo personal, tomar aire y responder una simple pregunta, ¿Vale la pena?

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  • Vestida y alborotada. Así me sentí luego de que mi esposo tomó la puerta y ni adiós dijo. Resulta que un día él decidió trabajar desde casa para que pasáramos más tiempo juntos. Sin embargo, esa jornada el exceso de trabajo lo convirtió en algo así como una estatua de sal frente a la computadora, y a los pendientes se sumó el estrés de que necesitaba hacer un trámite bancario y las horas volaban sin que pudiera darse una escapada para hacerlo.

  • Con el tiempo encima me dice: "¿Qué tal si me acompañas y te invito a comer?". Mejor imposible, podría despegarme de la cocina, pensé. Así que accedí con un: "cuándo digas nos vamos". Pero pasó que recibió una llamada que lo puso del peor humor posible, de pronto silencio total. Cuando me asomé, él se había ido. ¡Y yo bien, gracias!

  • Mi primer impulso fue querer llamarle y decirle hasta lo que no. Decidí sin embargo ponerme a preparar de comer. No soy ninguna mártir, y tampoco me encanta la cocina, sin embargo la verdad es que convivo poco con mi esposo pues la mayor parte del tiempo está fuera, además él se arriesgó a tener problemas por no presentarse en su trabajo para quedarse en casa conmigo, y encima de todo aunque su accionar fue descortés, su problema no era con mi persona.

  • Así que mi segundo pensamiento fue: "Si el problema no es conmigo, ¿por qué hacerlo mío?"

  • Creo que las personas debemos aprender a no tomarnos como afrenta todo lo que sucede a nuestro alrededor, especialmente cuando se trata de la pareja. Muchas son las ocasiones en que lo único que se requiere es no tomarlo personal, tomar aire y responder una simple pregunta: "¿Vale la pena?"

  • Las discusiones desgastan, y aunque existen situaciones que merecen encararse, existen muchas otras peleas insulsas que son algo así como en lenguaje mexicano, "pura llamarada de petate" (un petate es una especie de cama prehispánica hecha de hojas de palma sacas y entrelazadas; cuando uno les prende fuego, arden de una manera impresionante, pero es un fuego que nunca dura más de un minuto, es decir, no calientan, no duran, no iluminan casi nada) y son esas las que, si son continuas, realmente lastiman una relación, porque surgen sin ningún sustento real, sin embargo su insistencia termina haciendo mucho daño.

  • Interpretar como agravio cada desencuentro o mala cara de nuestras parejas solo hará que éstos aumenten sin necesidad. No se trata de sacrificarnos, se trata de no comprar problemas ajenos. Me di cuenta entonces que tenía opción, que en mis manos estaba decidir cómo reaccionar. Enojarme y hacer grande algo que no lo era tanto, o simplemente invertir mi tiempo en sacar mis pendientes.

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  • Cómo sacarle el cuerpo a una pelea:

  • 1. Respira

  • A veces el enojo nos hace ponernos a bufar. Lo mejor para cuando esto pasa es respirar. Controlar tu ritmo de respiración ayuda a controlar el estrés y a aclarar la mente.

  • 2. Piensa

  • Te ha pasado que cuando estás de malas dices cosas para desahogarte, pero que pasado un tiempo te arrepientes de haberlas dicho? Esto sucede porque nos dejamos llevar con el enojo. Lo mejor es darnos oportunidad de pensar bien lo que deseamos decir: así evitas que quien hable sea tu Hulk interior.

  • 3. Ocúpate

  • No te pongas como fiera enjaulada a rumiar sobre lo mismo, mejor invierte tu tiempo en hacer algo productivo que requiera de tu atención y te saque de la ofuscación. Verás que con eso dejarás de darle importancia.

  • 4. Da tiempo y espacio a tu pareja

  • Si de plano la otra persona está mal y de malas, no insistas. Es mucho mejor hacerte a un lado y alejarte de la zona de conflicto.

  • 5. No lo hagas personal

  • La razón por la que nos ponemos a la defensiva es porque creemos que nuestros sentimientos fueron heridos, pero si al incidente le quitas esa connotación, entonces descubres que no tiene caso insistir en algo que no te perjudica realmente.

  • 6. No te vuelvas parte del problema

  • Si insistimos en el enfrentamiento lo que logramos es hacer que la persona que ya de por sí está de mal humor enfile su artillería en contra nuestra, y eso no es inteligente, ni favorable. En todo caso lo mejor que puedes hacer es —si tienes oportunidad de ayudar— hazlo. Y si no, como en los letreros de emergencias, no estorbes.

  • La vida tiene sinsabores, sin embargo cuando decidimos vivir en pareja es para hacer nuestra existencia más agradable con alguien que esté dispuesto a darnos afecto, apoyo, comprensión y estabilidad, y si eso es lo que buscamos, lo mínimo que podemos hacer es ofrecer lo mismo.

  • Relacionado con este tema, puedes leer: Amar sin temor. Cómo hacer frente a un esposo enojado

  • O también puedes leer: Hazte amigo del enojo y ve los resultados

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Yordanka Pérez Giraldo, Cubana de nacimiento, mexicana por elección.

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