Tus gigantes y la sala de espera

Los gigantes espían tu risa, usurpan tu tranquilidad y susurran que están dispuestos a quitarte tu tierra prometida. Pero Dios tiene todo bajo control.

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  • Hace unos días operaron a mi mejor amiga de un quiste en un ovario.

  • La operación llevó algunas horas, pero la incertidumbre parecía durar una eternidad.

  • Hasta que tomé mi Biblia en la sala de espera y leí aquel relato sobre los espías que fueron a reconocer la tierra de Canaán y a sus habitantes (Números 13:25-14:9).

  • El pueblo de Dios había acampado durante dos años al pie del monte Sinaí, Dios les había prometido darles una tierra donde habitar. El Señor mismo les dijo que enviaran a doce espías para hacer el reconocimiento del lugar, y que luego informaran al pueblo. Al su regreso, diez de estos hombres declararon que no podrían entrar porque estaba infestada de gigantes. Sin embargo, dos de ellos declararon que sí podían tomar la tierra.

  • Todo el grupo había visto el mismo sitio, los mismos habitantes. Sin embargo las opiniones se diferenciaban: unos temían ser vencidos por los gigantes y otros dos estaban confiados que Dios era mucho más grande que aquellos habitantes gigantescos.

  • La clave de esto está en dos elementos importantes: el grupo que dudó se basó en sus propias habilidades y se compararon con gigantes, sin embargo estos otros dos hombres pusieron su mirada en la promesa dada por Dios y en el poder de Dios.

  • Cuando leí el relato no permití que el temor se apoderara de mí, puse mis ojos en el poder de Dios.

  • No sé cuáles son tus gigantes en estos días, una factura que no puedes pagar, familiares que juzgan, un recuerdo que te atormenta, un divorcio que se avecina, escenas pornográficas que te quitan el sueño, un hijo metido en las drogas, un matrimonio hecho trizas, un pasado que grita tus errores sin perdonar.

  • Los gigantes amanecen contigo, desayunan en tu mesa, te acompañan al trabajo y antes de dormirte vuelven a desafiarte en la décima vuelta que te das en la cama. Los gigantes espían tu risa, usurpan tu tranquilidad y susurran que están dispuestos a quitarte tu tierra prometida.

  • Aun cuando sean unos bravucones, y amenacen quitarte todo, no temas. Pon tus ojos en el Dios omnipotente y misericordioso que está atento a tus necesidades y mira desde sus pupilas el horizonte.

  • Aleja la duda

  • La duda y la desconfianza no hacen otra cosa, que ponernos cascadas de incertidumbre en los ojos, impidiéndonos ver la mano de Dios actuar aún en sus pequeños gestos de amor.

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  • Un camillero me vio sola en la sala de espera, y se acercó para decirme que parecía ir todo bien.

  • A las tres horas, otro auxiliar salió y me dijo que mi amiga ya estaba en sala de recuperación y que parecía que todo estaba bien, pues la había visto sonreír.

  • Dios bajó a tranquilizarme a través de dos personas que no me conocían pero me vieron sola orando afuera. Ellos bien podrían haberse ido a sus labores sin pasar por la puerta del quirófano, pero decidieron entrar y preguntar cómo iba todo para informarme y darme paz.

  • Opta por ser una mujer de fe

  • La fe tiene el poder de acariciar tu alma y darte paz, hace que los peligros sean vistos con otros ojos y las dificultades no sean un obstáculo sino un medio para encontrarte con los ojos de Dios, mirándote orar.

  • Cuando los "gigantes" amenacen tu territorio, haz una simple oración de bolsillo, "Padre, ayúdame a no mirar a los gigantes, sino a ti y enséñame a confiar que Tú tienes todo bajo control".

  • Hazte experta en esperar

  • Con seguridad, cómo a mí, te sucede lo mismo, no nos gusta esperar. Entonces lo demostramos con golpecitos en el mostrador, el ceño fruncido en la fila del supermercado, y decimos en voz baja "apúrate, apúrate", mientras intentamos empujar con nuestra prisa la mano de Dios.

  • Hazte experta en esperar, pues mientras nosotras desesperamos, Dios trabaja (Juan 5:17) en nuestras vidas, Él no tiene feriados en rojo en su almanaque.

  • No lo olvides, tus gigantes serán vencidos. El tiempo que demores en lograrlo no estás sola, lo pasas en la sala de espera de Dios.

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Marta Martínez es de Uruguay. Posee una licenciatura en Psicología, y un posgrado en Logoterapia. Ama todo lo que hace y adora servir. Es especialista en atención psicológica domiciliaria. Contacto:

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