4 pasos para reparar el daño emocional que le hemos causado a otra persona

La culpa es funcional cuando tiene la misión de hacerte analizar tus conductas y sacar un aprendizaje del error cometido.

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  • Juan dejó caer la botella de alcohol al piso. Esta era la segunda botella de vino que tomaba en la noche. Luego vendrá el malestar físico, y el otro. El que genera ansiedad, dolor y sobretodo culpa. María no hace otra cosa que estar todo el día en la iglesia: enciende velas, reza de rodillas, hace varios avemarías y se anota para un retiro. No puedo dejar de pensar en que pudo haber actuado distinto.

  • Juan y María están convencidos que la culpa se la lleva el alcohol o la apariencia de santidad. No se puede apagar la culpa con nada. Solo se puede ir a los pies de la cruz, abrazarse al Salvador y dejar que se haga cargo de los girones y los baches.

  • ¿Por qué a veces es bueno sentir culpa?

  • Hay momentos donde no puedes más, la culpa te pesa demasiado. Por ejemplo, heriste a tu mujer y a tus hijos, y sabes que una infidelidad no se repara, se trabaja. Hay ocasiones, como ésta, que no se solucionan con pasar página y seguir como si nada.

  • Ese gran malestar que te impide seguir avanzado, es la culpa, es la herramienta que llevas dentro de ti y te permite tomar conciencia, reflexionar sobre tus errores. Esa sensación de querer silenciar la voz interna que te grita en todo momento "culpable", es la que te lleva a pensar en los motivos de tu infidelidad o del error que hayas cometido.

  • La culpa es funcional, y tiene la misión de hacerte analizar tus conductas y sacar un aprendizaje del error cometido. La culpa es sana cuando te invita a ser responsable y aceptarla, no a silenciarla o adormecerla en adicciones y conductas nocivas.

  • Cuando la culpa es tóxica, deja de ser una herramienta que te permite un nuevo aprendizaje y se vuelve una mezquina lápida que sepulta tu sanación, bloqueando tu deseo de seguir adelante, impidiéndote dar los pasos necesarios para enmendar la acción errada. Pero para que la culpa no se vuelva patológica, debes seguir estos pasos:

  • 1. No rechaces el malestar

  • Responsabilizarse por el error es el primer gran paso; huir tirando para afuera la pelota, no hace otra cosa que demorar la sanidad. Las asignaturas pendientes tarde o temprano deben rendirse.

  • 2. Mira lo positivo del malestar

  • Sentirse mal es desagradable, pero recuerda que sentir que cometiste un error terrible que dañó a otros, es demostrar que has entrado en tu propio interior y te has encontrado con el dolor. Eso es empatía. Ahora, este doloroso malestar te está permitiendo entender a tus seres queridos que han resultado dañados. El sentirte mal tiene una faceta positiva al permitirte aprender del error y desear modificar tus conductas.

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  • 3. No te aferres al silencio

  • Si crees que llevar el dolor en silencio, ahogarlo en alcohol o esconderlo en un montón de rezos, es buena opción, estás equivocado. No es liberador. La liberación llega cuando miras a tu Salvador y le pides ayuda, pero antes llegas a Él reconociéndote pecador y necesitado de perdón.

  • Una vez dado ese paso, estás en condiciones de ofrecer disculpas a quien has lastimado. Si por alguna razón ya no es posible entrar en contacto con quienes has dañado, y no tienes la posibilidad de dialogar y demostrar tu arrepentimiento, haz un acto simbólico, ya sea a través de una carta o una visita al cementerio o ayudando a otros en la misma situación.

  • 4. Es tiempo de resarcir

  • Cuando has dado los pasos anteriores estás en condiciones de tomar una firme resolución de resarcir el daño. Es el tiempo de la resolución a no caer otra vez en el mismo error y reparar lo más posible a las personas del entorno que han resultado lastimadas.

  • Recuerda que eres tú quien elige vivir con culpabilidad. La opción de sentirte libre de toda culpa, es tuya también. Ten por seguro que de alguna manera estás recuperando tu creatividad para empezar de nuevo, algo así como dejar que el sol se asome por tu cielo nublado.

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Marta Martínez es de Uruguay. Posee una licenciatura en Psicología, y un posgrado en Logoterapia. Ama todo lo que hace y adora servir. Es especialista en atención psicológica domiciliaria. Contacto:

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