Ponte el traje del Grinch y arruina la Navidad de tus hijos (hacerlo sin querer es más fácil de lo que crees)

Si estás pensando en qué comprarle a tus hijos esta Navidad, te invito a que antes de que salgas de compras te sientes y con calma leas este artículo, porque podrías estar equivocándote en la elección de regalos.

Camila Ignacia Gómez González

El ambiente navideño ya empieza a sentirse en cada rincón, en cada hogar. Los adornos de la temporada, ofertas y múltiples símbolos nos recuerdan que dentro de poco estaremos en familia, reunidos alrededor de nuestro árbol, viendo la cara de emoción de nuestros niños al ver qué les ha dejado el Niño Dios, Santa Claus (Papá Noel, el Viejito Pascuero) o bien los Reyes Magos. Pero, ¿realmente van a recibir lo que necesitan? O ¿simplemente tendrán una “compensación anual” por el escaso tiempo que nuestro ritmo de vida nos permite pasar con ellos? Si tu respuesta es la segunda opción, entonces te invito a leer sobre el “Síndrome de los niños Híper-regalados”:

Anestesia emocional

Para nadie resulta fácil sobrellevar el ritmo de vida actual. Es más, para muchos significa el tener que correr de un lado a otro para poder subsistir de la “mejor manera”, en aras de dar una vida más digna a los nuestros. Sin embargo, de un tiempo a esta parte muchos expertos en el área de la psicología han descubierto que la falta de tiempo de calidad con los hijos se compensa de forma económica durante las fechas importantes del año, generando así la denominada “Anestesia emocional”: que genera niños caprichosos, egoístas y sumamente materialistas porque asumen que el amor se trata de cosas materiales, “mientras más me dan, más me aman”.

La ilusión viaja en tranvía, y se va

Abrir un regalo es, sin duda, una situación emocionante. Nadie podría negar tal cosa. Sin embargo, cuando acostumbramos a nuestros hijos a recibirlos de manera permanente, éstos finalmente generan apatía con relación al resto. Lo asumen como una obligación y no como un gesto de cariño de parte de sus padres, robándoles por completo la magia de la Navidad en la infancia, y la de los cumpleaños venideros.

Para todo lo demás…

Si alguien viniera y nos diera todo lo que necesitamos para vivir, sin necesidad de tener que esforzarnos para lograr diferentes metas en la vida, es seguro que no valoraríamos ni apreciaríamos el mundo que nos rodea, porque no sabríamos qué significa trabajar duro para conseguir lo que anhelamos.

Lo mismo ocurre con los niños cada vez que los llenamos de todo lo que ellos sienten que necesitan para ser felices, pero no les exigimos ni el más mínimo esfuerzo, contribuimos a desarrollar actitudes egocéntricas y, por ende, activamos el desarrollo de los antivalores.

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Las actitudes consumistas se repiten

Todos sabemos perfectamente que nuestros hijos aprenden más de nosotros mientras nos observan cómo hacemos las cosas, que mientras les decimos cómo deben actuar. Por lo tanto, si nos ven comprar sin mesura, adoptarán ese ejemplo como una actitud normal y, sin duda, la asumirán cuando tengan el poder adquisitivo para hacerlo. De este modo, lastimosamente repetirán el patrón de “anestesia emocional” o “compensación anual” con sus propios hijos.

Limita el desarrollo

Tal como leíste: los niños necesitan tiempos de ocio para poder jugar sin tener que seguir un guion, pues es ahí cuando la fantasía juega un papel importante en su desarrollo cognitivo. Y, curiosamente, este proceso se ve favorecido por la ausencia o escasez de juguetes.

Por todo esto, durante esta época navideña te invito a reflexionar sobre las reales necesidades de tus hijos, pues te aseguro que el tiempo que pases con ellos -aunque sea escaso- puede ser de gran calidad y significar un verdadero tesoro para sus vidas. Y a toda costa evita gastar de más con la intención de tapar aquellas horas en las que no has podido estar a su lado, pues el tiempo no volverá pero un regalo tampoco lo compensará.

En familia vivan el verdadero significado de la Navidad, con humildad y fe, con esperanza y generosidad. Esos momentos de unión serán los mejores recuerdos que tus hijos podrán tener.

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Camila Ignacia Gómez González

Camila, es Relacionadora Pública, con orientación en Marketing, actualmente reside en Villa Alemana, Chile. Es esposa y madre, y ama escribir para ayudar a fortalecer los lazos familiares.