4 cosas que mis hijos aprendieron -y me enseñaron- cuando nuestra mascota cerró sus ojos para siempre

De forma repentina perdimos a nuestra cachorra. ¿Cómo iba a decírselo a mis hijos? Y sin embargo, la actitud de mis pequeños me dejó sorprendida tras el gran dolor que yo sentía.

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  • Hace algunas semanas murió mi perra Zara. Tenía tan sólo 6 meses de vida y se la llevó la perversa enfermedad llamada tétanos. En el fecundo terreno de casa donde jugaba y retozaba tan contenta se encontró con la muerte; y ese día gran parte de mi alma se fue con ella. Zara era la primer perra de la familia, y había llegado con una gran ilusión a nuestra casa. Zara ya tenía ese nombre aún antes de haber nacido, cuando mi hermana me dijo que me regalaría un cachorro de la raza Cane Corso. Seguimos todo el embarazo de su mamá Zoe, y el crecimiento día a día de ella y de sus 10 hermanitos. Mi marido estaba entusiasmado ya que en su casa nunca habían tenido perros de mascotas; y mis hijos, de 2 y 4 años también la esperaban con anhelo.

  • Pero se nos fue muy rápido

  • Zara era una perra alegre pero dócil. Como todo cachorro adoraba salir al patio a jugar y correr. En casa tenemos un terreno muy grande, por lo que los pastos y las plantas hacían su delicia al revolcarse cada mañana y tirarse panza arriba, luego de haber corrido un poco a nuestra gata Uma, claro. El 26 de febrero había cumplido 6 meses. Hacía uno o dos días se había lastimado su pata, la cual se lamía profusamente. Mi hermana vino el sábado y juntas vimos que no tenía pus en la herida, por lo que seguramente no representaba un riesgo de infección. Aún me culpo no haberla llevado ese mismo día al veterinario para que vean la lastimadura. Nunca me hubiera imaginado el diagnóstico ni el fatal desenlace.

  • El lunes la llevamos por la mañana a nuestro veterinario de confianza, quien apenas la vio y sin esperar nuestro turno, nos hizo pasar. Nos dio la mala noticia que por las características físicas (orejas retraídas, algo de contractura muscular y estaba babeando) poseía tenía tétanos, una enfermedad frecuentemente mortal provocada por una potente neurotoxina, que es producida por una bacteria del género Clostridium. La bacteria segrega sustancias tóxicas que penetran en las fibras nerviosas motoras periféricas hasta llegar al sistema nervioso central, provocando parálisis y espasmos musculares. Quedó internada 24 horas, pero debido a la rigidez en los músculos respiratorios, Zara tuvo un paro cardiorespiratorio a las 6.30 de la mañana del 1 de marzo y murió.

  • Yo debía decírselo a los niños

  • Mis hijos, al ver que la habíamos internado el lunes a la mañana, se fueron esa noche a la cama pensando que al día siguiente tendríamos noticias alentadoras. Mi hija me dijo "hay que rezarle mucho a Dios para que la cuide a Zara, mami, ¿vamos a decir en el nombre del Padre?", e improvisamos una súplica por la salud de nuestra perrita.

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  • Cuando tuve la mala noticia, mis lágrimas comenzaron a rodar por la almohada e hice el esfuerzo de no despertar a mis hijos. Bajé sollozando a la cocina, pensando que era un sueño. Para quienes tienen mascotas saben cuán dolorosa es la pérdida de un animalito. A los pocos minutos mi niña se despertó y bajó las escaleras; me preguntó por qué estaba llorando y le dije sin dar vueltas que Zara no había respondido a los medicamentos y se había ido con Dios.

  • Sus reacciones me sorprendieron

  • Al principio, mi hija lloró un poco y me abrazó. Le dije que estaba bien llorar y que yo también lo hacía porque estaba muy triste. Me dijo que Zara estaba en el cielo con su abuela y su abuelo, y con papá Noel. Cuando despertó el pequeñito también se lo dije yendo al grano, pero él reaccionó mirando hacia el horizonte, con su boquita abierta y sin pestañar, y luego me dijo ¿pero dónde está Zara?. La mañana transcurrió entre juegos de animales que se lastimaban su patita y se iban al cielo.

  • Aún necesitaban elaborar más la información acerca de la muerte de Zara, por lo que me preguntaron detalles como dónde la pusimos, por qué se murió, qué pasó con el doctor, etc. Cuando volví a explicarle a mi hija que la muerte era un poco difícil de explicar, me sorprendió al decirme "pero yo ya lo entendí todo mami", y me contó que el alma de Zara se había ido al cielo en forma de humito. A las pocas horas me volvió a deconcertar y me dijo "mami, ¿podemos decirle a Dios que le ponga una semillita a la mamá de Zara, así Zara vuelve a nacer?". Le expliqué que cada ser en esta tierra es único y que su alma estaba ya con Dios, tranquilita.

  • Qué me enseñaron mis hijos tras la muerte de Zara

  • Cada acontecimiento en nuestra vida -sea bueno o malo- nos deja grandes enseñanzas. La muerte de un perro o una mascota muy querida nos deja un profundo vacío, pero sin dudas las vivencias que nos han dejado superan con creces esa pérdida. Mis hijos, en sus actos tan inocentes de afrontar la muerte de forma tan natural me dejaron grandes enseñanzas que me servirán para toda la vida.

    • Que la muerte forma parte de la vida. Los niños se toman la muerte de una forma tan natural, primero porque lo es, y segundo porque aún no tienen la concepción cultural que nosotros tenemos de la muerte.

    • Que cada ser llega a nosotros por una razón. Zara llegó a nuestras vidas por algún plan de Dios seguramente, y también bajo el mismo plan divino se fue. Mis hijos aprendieron mucho de esta experiencia y los bellos momentos vividos nadie los quitará de nuestro corazón.

    • Que la FE nos ayuda a transitar el dolor. Cuando te refugias en la Fe es más fácil transitar el dolor. Mi pequeña se ayudó con la oración y elevó su pedido a Dios para volver a tener otro perrito.

    • Que siempre hay lugar para volver a dar amor a otra mascota. Muchas personas, tras la pérdida de una mascota a la cual le tenían profundo afecto, optan por no volver a tener jamás otra mascota. No es nuestro caso. Mi familia está dispuesta a acoger a un nuevo perrito, porque aprendimos que cada ser es único y hay mucho amor para brindarles a cada uno de ellos.

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  • Zara será inolvidable. Y su fugaz paso por nuestras vidas no fue en vano. Vendrán nuevos perritos y nuevas mascotas, y cada una tendrá su merecido lugar en nuestro corazón, pero sin dudas que ésta historia será contada en nuestra familia una y otra vez, durante muchos, muchos años.

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Fernanda Gonzalez Casafús es argentina, mamá y Licenciada en Periodismo. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.

Sitio Web: http://lasillamecedora.blogspot.com

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