Las relaciones de pareja y el abuso emocional

A veces la felicidad en el matrimonio se transforma en dolor, frustración, desolación, miedo. Cuando esto es así, es posible que en la relación uno de los dos esté abusando del otro. ¿Cómo saberlo y qué hacer?

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  • Muchos de los cuentos que escuchamos cuando éramos niños terminaban con: “Entonces se casaron y vivieron felices para siempre.” Todos los que hemos estado casados o vivido en pareja sabemos que esa unión marca el inicio de otro tipo —de otro nivel— de gozo, y de adversidad. De hecho, los problemas o la adversidad que se enfrenta en el matrimonio, o en la vida, suelen ser para nuestro propio beneficio: es lo que nos hace crecer, desarrollarnos, mantenernos vivos. La oposición a la que se enfrenta la pareja puede ser de salud, económica, porque han perdido la dirección y no saben hacia dónde llevar sus vidas, porque algún miembro de la familia “anda en malos pasos”, etc. Pero hay un punto que no es la sana adversidad, ni una mera “termita del matrimonio”; es algo que acaba con la persona que lo sufre; que la destruye por completo física y emocionalmente, y que debe ser evitado a toda costa: el abuso emocional, que se liga de manera íntima al permitir que las relaciones matrimoniales se vuelvan meras relaciones de poder.

  • Esto puede desarrollarse paulatinamente a lo largo de los años o, todavía más frecuentemente, no desde el noviazgo, sino incluso desde antes de que la pareja naciera. Pongo un ejemplo: hace tiempo escuchaba yo en una boda, que un familiar del novio le daba este tristísimo, mezquino consejo: “Lo que hagas la primera semana de matrimonio, lo vas a hacer toda tu vida: si lavas los platos la primera semana, lo vas a hacer siempre. Si dejas los zapatos y calcetines tirados en la sala, siempre lo podrás hacer. Asegúrate de mostrar tu peor cara en la primera semana de matrimonio”.

  • El abuso emocional casi siempre se liga de manera subconsciente con el ejercicio del poder. ¿Qué es el poder? La autora Ana María Fernández ve al poder como un dispositivo (es decir modos y estrategias) para controlar. Para esta autora, hay tres elementos que hacen que se pueda ejercer el poder:

  • 1. La fuerza o violencia

  • , que en realidad producen sólo efímeros momentos de poder, a no ser que sean parte del punto dos.

  • 2. El discurso del orden

  • , es decir, un sistema de normas, reglas o sanciones, las cuales a su vez se basan en el imaginario social que es el punto tres.

  • 3. El imaginario social

  • , es decir, soportes religiosos, ideológicos, emblemas, rituales: todas las ideas de la sociedad que justifican el abuso del poder: el pensar que el hombre puede golpear a la esposa, “porque así demuestra que es el hombre”, o asumir, por otro lado, que la mujer es un ser desvalido y la obligación del hombre es protegerla y hacerla feliz.

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  • De lo anterior hay dos cosas que creo que vale la pena considerar: Primero, que aunque puede darse el abuso de poder tanto en un género como en el otro, en una sociedad patriarcal (o machista, como deseen verlo) la mujer padece mucha más violencia que el hombre. Segundo, que para que se dé el abuso de poder, no basta con la fuerza: quien es sujeto de poder tiene que estar sometido a una serie de discursos y creencias. ¿Cómo, entonces, evitar el abuso de poder en la pareja? Se me ocurren las siguientes ideas, y estoy consciente de que cada una da para un artículo en sí misma:

  • Educa

  • La única forma efectiva para terminar con el abuso, es educar de una manera diferente a la generación creciente, para que ellos puedan ver con respeto, de igual a igual, al género opuesto. No educar para la igualdad de género, sino para la equidad de género, que es algo muy diferente.

  • Toma conciencia

  • Si eres una mujer, antes de romper las cadenas físicas de la violencia, debes romper las cadenas mentales, las falsas tradiciones de nuestra cultura latinoamericana, y tienes que aprender a verte a ti misma como una hija de Dios, de no menos valor que el que tienen los hombres.

  • Recupera tu albedrío

  • Para ello, habla: Habla con quien tengas qué hablar: tu madre, tus amigas, el pastor de tu iglesia. Es mediante el diálogo que uno puede ver las cosas de una manera diferente, establecer acuerdos, encontrar fortalezas… y si alguno de los arriba mencionados te dice que no, que el papel de la mujer es simplemente aguantar, simplemente no le escuches: esa persona, por muy bien intencionada que sea, no te va a ayudar; está en su propia jaula mental.

  • Busca ayuda oportuna

  • En la red encuentras muy buenas ayudas para recuperar tanto tu salud emocional como tu albedrío. Te comparto dos enlaces en ese sentido: Este enlace te ayuda a detectar si estás saliendo con alguien que te va a hacer daño. Si buscas con cuidado, encontrarás muchísimas ayudas más en la red para sanar tu relación de pareja después de la violencia doméstica.

  • Terapia y diálogo

  • Si tienen lo recursos, incluso pueden asistir a terapia como pareja. Si no, dialoguen como pareja. Lleguen a acuerdos, busquen sanar su relación, ayúdense mutuamente para ver la vida y la relación de pareja desde una perspectiva diferente. Lo importante es que estés consciente de esto: es posible sanar las heridas del abuso.

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  • Denuncia

  • Si lo anterior no resulta, entonces denuncia. En casi todos los países existen órganos gubernamentales y no gubernamentales para denunciar tanto el abuso físico como el emocional.

  • Huye

  • Es terrible decirlo, pero si tu pareja no escucha, no dialoga, no quiere cambiar, lo mejor es huir. Pero incluso para ello, necesitas saber cómo hacerlo. Este enlace te enseña cómo reconocer, protegerte, y escapar de la violencia doméstica.

  • Uno de los aspectos más perniciosos de la subordinación femenina, es que ésta es naturalizada como si fuera simplemente una parte inherente de la historia o la sociedad en que se da. La manera en que los medios nos bombardean con el concepto de que la mujer es sólo un objeto sexual, propicia esa opresión. El que ella sea vista como un objeto que se usa, se maltrata, se desecha. Una vez más, se trata de romper una cadena cultural que nos oprime. Para romperla, tal vez un buen inicio es simplemente preguntarse mientras ves este video: "Y yo, ¿por qué soporto esta desigualdad?”

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Oscar Pech ha dedicado su vida a la enseñanza, la lectura, la escritura y la capacitación en diferentes partes de la República mexicana. Es una persona profundamente comprometida con la familia y los valores morales.

Sitio Web: http://oscarpech.blogspot.mx/

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