Meu grande encontro de 2011! Sou mto grata por ter conhecido e conviver com Raimundo! Mestre, poeta, uma pessoa incrível que a cada encontro me engrandece!
Raimundo siempre llevaba un papel en sus manos, y un lápiz. Escribía y escribía. En su soledad, y sin que nadie lo interrumpiera, pues parecía invisible para los transeúntes, él escribía bellos poemas. Pero hubo una mujer para la cual Raimundo no pasó desapercibido.
En la primavera de 2011, Shalla Monteiro venía caminando por la calle cuando vio a Raimundo, según informa el sitio Newsner. No era la primera vez, pues en el vecindario él ya era conocido. Pero esta vez, la mujer se detuvo y quiso preguntarle qué era lo que escribía cada día. Raimundo entonces tuvo la oportunidad de mostrarle sus escritos; le contó que era poeta, y cuando Shalla leyó los poemas quedó asombrada ante su prosa.
Entonces, hizo algo que cambiaría el rumbo
Shalla pensó que tenía un tesoro entre sus manos, y decidió que el mundo entero debía conocer los poemas de Raimundo. Así, creó un perfil en facebook con el nombre del poeta, para que todos conocieran su nombre. Rápidamente la página comenzó a llenarse de likes, y Raimundo comenzó a ser valorado por sus bellos poemas.
Una cosa lleva a la otra
Ahora, que todos lo conocían a través de Facebook, se detenían a hablar con él. Un día, su hermano logró encontrarlo a través de la red social y de esa forma, volvió a reunirse con su familia, pues su hermano ofreció llevarlo a vivir a su casa. Así, y luego de casi 35 años, Raimundo cortó su cabello, tuvo ropa nueva, y emergió en él esa personalidad que durante tanto tiempo estuvo escondida.
Una personalidad oculta tras sus ropajes
Shalla describe en el perfil de Facebook “Raimundo es culto. Cita autores y música clásica, lee mucho y habla con maestría. Dice que la cantidad de libros que leyó fueron los que lo salvaron”. El sueño de Raimundo, según la mujer, es que sus poemas se hagan famosos y recorran el mundo. Para ello, ella puso todo su empeño en ayudar al hombre a cumplir este gran objetivo.
Cuando la no-indiferencia hace la diferencia
Si vives en Latinoamérica, seguramente más de una vez te habrás topado con alguna persona sin hogar que pide limosna, o que simplemente yace en el banco de una plaza, con la compañía de sus bártulos. En mi ciudad, y en mi país en general, esto sucede a menudo. Y es lamentable decir que estamos acostumbrados a ver gente en esta situación y que pocas veces nos detenemos a pensar en ellos, o a prestar nuestra ayuda. La indiferencia mata. Y sin duda, esta gente lo que menos necesita es indiferencia.
La indiferencia no nos deja ver al otro, nos hace duros, nos hace insensibles. Esta mujer decidió que no le daría tregua a la indiferencia, y pasó por su lado para cambiar el rumbo de la vida de este hombre. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de un acto tan noble como éste?
Ponernos en el lugar del otro y parar. Parar para ver qué es lo que está necesitando nuestro prójimo, y cómo podemos ayudarlo. Un acto tan noble y leal como de gran fortaleza espiritual. Y tú, ¿hubieras hecho lo mismo que Shalla?