Latrofobia, una enfermedad que ataca a millones y los médicos solo la empeoran

El problema no es su bata, sino su capacidad para evidenciar la fragilidad de nuestra existencia.

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  • Tres cosas no soporto: las personas falsas, levantarme temprano y a los médicos. Para mí, ir a un doctor es una decisión postergada hasta que casi hay que llevarme en camilla a la clínica. Son muchas las veces en que he sentido síntomas fuera de lo común y lloro, le pido a Dios que no sea nada malo, pero hasta allí llego.

  • La mayoría de las personas prefieren automedicarse o, como yo, no atenderse. No es que no nos importe nuestra salud, es que padecemos de fobia a los médicos. La latrofobia, que es como se le conoce, es un temor irracional a los médicos, no por lo que son, sino por lo que significan.

  • Es más, yo creo que lo correcto sería decir que no es miedo a los especialistas de la salud, sino miedo a los diagnósticos. Lo que realmente nos provoca palpitaciones, ansiedad, pánico, sudoración, sequedad bucal e imaginar los peores escenarios es la idea de que nos digan que tenemos algún mal incurable, y entonces todo acabe.

  • Por lo general, el miedo tiene su origen en alguna experiencia traumática. En mi caso, una niñez donde las hospitalizaciones eran recurrentes y los tratamientos largos y dolorosos. Aunque puede tener un origen claro, también se da sin sustento aparente. Sin embargo, el precio de no hacer nada al respecto desencadena el efecto que queremos evitar.

  • Relee: ¡Mi bebé está en el hospital! ¿Qué hago?

  • Los peligros de la Latrofobia

  • A continuación te comparto algunos de los principales peligros que conlleva esta fobia:

  • 1. Impide la prevención de las enfermedades

  • Precisamente por el temor a lo que los médicos puedan decir, la posibilidad de presentarse sin razón aparente a consulta es algo que una persona con latrofobia jamás se permitiría.

  • 2. Provoca que enfermedades curables se vuelvan crónicas

  • Acaso unos pocos antibióticos era todo lo que se necesitaba, pero como no nos damos la oportunidad de ser diagnosticados y atendidos, el resultado es derivar en padecimientos graves de nula o difícil solución.

  • 3. Bloquea una correcta comunicación médico-paciente

  • La idea de que si decimos todo lo que estamos sintiendo, empeorará el diagnóstico, evita que seamos honestos con los galenos, lo que lleva a evaluaciones erróneas que solo complican las cosas.

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  • 4. Dificulta la efectividad de los tratamientos

  • Por lo general, a quienes no gustamos de los médicos, tampoco nos agradan las medicinas; así que en cuanto se observa alguna mejoría, damos por terminada toda relación con fármacos, médicos y diagnósticos. Esto al final provoca resistencia a los medicamentos y, eventualmente, hace que sean inútiles para combatir algunas enfermedades.

  • Pese a todo esto, la enfermedad es también la medicina: la mejor manera de inocularnos contra esta fobia es con la exposición reiterada a lo que nos asusta. En otras palabras, la solución es -ni más ni menos- acudir al médico con regularidad, hacer chequeos preventivos de manera que sintamos que tenemos nuestra salud bajo control.

  • Lo más importante es tener un doctor de cabecera, que nos trate como personas, nos haga sentir que nosotros y nuestra salud es importante. Alguien que nos inspire confianza para que, en vez de verlo como la razón de nuestras pesadillas, sea el depositario de nuestra confianza.

  • Relacionado con el tema, lee: Los médicos y el abuso de poder.

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Yordanka Pérez Giraldo, Cubana de nacimiento, mexicana por elección.

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